Bienvenido a este mi cuaderno de bitácora

Querido visitante: gracias por pasar por aquí y leerme.
Aquí encontrarás ligeros divertimentos y algunas confidencias personales, pocas.
A mí me sirve de entretenimiento y si a ti también te distrae, ¡estupendo!.
Si, además, dejas un comentario... ¡miel sobre hojuelas! Un abrazo,
Guarismo.

domingo, 29 de marzo de 2009

102. Haikus (cuatro) en 400 palabras (sesenta y seis).

Los haikus son esto:

Haikus: tres versos
que tienen cinco, siete,
cinco sílabas.

Y si me autorizo la sinalefa, los puedo definir así:

Haikus son versos
hechos de cinco, siete y
cinco sílabas.

He escrito otros 43 y también en 400 palabras. Mi obsesión, mi fijación por las 400 palabras, debe ser algo enfermiza, quizá. Me quita libertad, pero me disciplina. De algo valdrá. Cuesta ajustarlas, más en versos, más si son de 5, 7 y 5 sílabas. Pero me divierte. Creo que sólo en uno me permito la sinalefa, los demás son de métrica precisa.

Los siguientes 43 haikus son también monotema. En esta ocasión sobre la mujer y en 400 palabras. Ahí van.


43 haikus sobre la mujer

El sol deslumbra,
pero no tanto como
tus bellos ojos.

Senos pequeños
que muestran tu belleza,
tu armonía.

Tu perfil griego
de nariz perfecta y
frente despejada.

Soñé contigo
cuando tú me soñabas;
soñamos juntos.

Tus ojos verdes,
más profundos que la mar,
me vuelven loco.

Tu cara bella,
tu cuerpo grácil, ágil,
juventud plena.

Tus labios rojos,
tu mirada profunda,
me enamoran.

Te conocí y
me dije: eres para
mí, y así fue.

Tus bellas piernas
sostienen bello cuerpo,
así eres tú.

Dulce mirada,
dulces ojos, sonrisa
dulce y bella.

¡Qué bonitos son
tus labios cuando ríes
desenfadada!

Tu amor es al
mío como el cielo
es a la tierra.

Me gustas, mujer,
quiero estar contigo
para siempre.

Adoro, niña,
tu cara preciosa y
tus bellos ojos.

Quédate aquí,
conmigo, a mi lado,
eternamente.

Rosa que te doy,
beso que me regalas,
feliz que somos.

Te añoro más
cuando más cerca estoy
y no te beso.

Echo de menos
tu piel suave, morena,
y tan lejana.

Un beso, dos, tres,
cuatro, cinco, seis, siete,
ocho y nueve.

¿Me querrás si te
digo que me hechizas
con tu corazón?

Me enamoré
de ti como un tonto,
como lo que soy.

Besos, abrazos,
miradas y caricias,
sólo contigo.

Te fui fiel, aunque
tú me engañaras con
el jardinero.

Te amé siempre,
aun en momentos duros,
¿todo para qué?

Tienes derecho
a dejarme, si quieres.
Te esperaré.

Bella la danza
que esboza tu cuerpo
al desnudarte.

Desnuda mujer,
acércame tu calor
que siento frío.

Vi con asombro
tu cuerpo desnudo
y lo disfruté.

Ven a la cama,
acuéstate conmigo
y hazme feliz.

A tu alcoba
fui y compartí tu cama,
tímidamente.

Noches salvajes,
amores imposibles
en sueños rotos.

Niña bonita
que todo lo consigues,
pero a mí, no.

Extraña mujer
que me miras con odio,
no me insultes.

Niña soberbia,
carácter tempestuoso,
no te soporto.

La música de
tu voz suena como vals,
¡quién lo bailara!

Mujer gordita,
rellenita y redonda,
me hundo en ti.

Abre tu alma
que mi alma desea
entrar en ella.

Tu vientre llano
parte de tus montañas
de piel tostada…

…y desciende al
bello bosque dorado
entre tus muslos.

Ven, niña, ven y
mírame a los ojos,
que te adoran.

Lecho que dejas
helado cuando te vas,
sábanas frías.

Lágrimas tristes
que caen de tu rostro
siempre que lloras.

Mírame, mujer,
que quiero adorarte
mientras te miro.

© 2009. El autor de esta bitácora.

martes, 24 de marzo de 2009

101. Haikus (tres).

Me ha dado por los haikus. Son divertidos. Mi amigo Alejandro me los sugirió y le hice caso, aunque no sé si fue en mala hora. Me han gustado y me temo que inundaré de haikus esta bitácora. Lo haré por temas (siempre quedará un "varios"). Hoy va de haikus sobre los haikus y otra serie sobre las estaciones.

Haikus sobre los haikus

Dijo mi amigo:
“prueba los haikus, prueba”.
¡Qué mal amigo!

Cinco sílabas
dicen muy poca cosa
o más bien nada.

Siete sílabas
son muy pocas para
escribir algo.

Cinco, siete y
cinco sílabas pueden
ser suficientes…

…para ecribir
alguna cosa bella,
pero no siempre.

Haiku adictivo,
¿por qué empecé con el
primero? Malo.

Haiku perverso,
que me has enganchado
entre tus redes.

Haiku insulso,
quiero embellecerte…
y no lo logro.

Qué gilipollez
unos versos en haikus,
cosa baladí.

Versos en haikus:
creatividad, arte
e imaginación.

¿En qué quedamos?
¿Son buenos o son malos?
Son
comme ci comme ça.

Haikus en falso,
¿es verdad lo que dicen
o es mentira?

Malditos haikus,
me absorben el seso,
me obsesionan.

¿Quién lo parió?
Japoneses del siglo
octavo. ¡Vaya!

Trece siglos más
tarde aún sobreviven,
¿Pero qué tendrán?

Apuntan que los
haikus no se puntúan,
mas lo míos, sí.

Escribo haikus
con signos de puntuación.
¿Es lo correcto?

Benedetti no
lo hace. ¿Será así?
Yo no lo dudo.

Si Benedetti
dice haikú, yo digo
haiku. ¿Qué será?

Cinco da para
poco; siete para más;
diecisiete, más.

Tres versos para
expresar algo bello,
tres versos cortos…

…que suenan como
música breve, como
preciosos sones.


Haikus sobre las estaciones

La primavera
llega tras el invierno,
tan deseada.

No es verano,
aún es primavera,
¡qué maravilla!

Tras el verano,
el otoño lúgubre,
lleno de nubes.

Tras el otoño,
el invierno oscuro,
frío y triste.

Primavera y
verano, él tras ella,
como debe ser.

En primavera
amo, en verano no,
que hace calor.

Me enamoro
cuando las hojas caen,
en el otoño.

Me enamoro
en primavera, cuando
la flor florece.

Me enamoro
en el verano, cuando
hace mucho sol.

Me enamoro
en el invierno, cuando
el frío se extiende.

Me enamoro
cualquier día del año,
siempre que puedo.



© 2009, el autor de esta biácora.

jueves, 12 de marzo de 2009

100. "Enta" años, en 400 palabras (sesenta y cinco).

Enta años

Mañana cumplo enta años. ¡Joder! No me lo creo, me parece imposible. Son muchos y no creo haber vivido tantos. Pero eso dice mi carné de identidad, así que será verdad.

¡…Enta años…! No me lo creo.

Hoy me voy a dedicar a mí estas cuatrocientas palabras. Voy a regodearme en mi vida, a modo de homenaje… ¡Enta años no se cumplen todos los días!

¿Qué resalto de mi vida?

Hermano mayor de doce hermanos… escuela de vida, con unos padres –que ya nos dejaron- cuya vida fue la entrega a sus hijos, no les cabía otra opción (y lo hicieron con gusto y generosidad, ya lo creo).

Estudios… intenté la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos (vaya nombre más rimbombante) y no pude con ellos. Me atasqué en segundo curso, que era selectivo por aquellos tiempos. Hasta que mi novia, recién conocida, me convenció de que cambiara de carrera, y acertó. Estudié Matemáticas.

Resumo mi situación hoy: casado, felizmente y fielmente, con esa novia que me hizo cambiar de carrera, con dos hijos, ambos con pareja estable, simultaneando estudios y trabajo, comenzando a labrarse sus respectivos futuros.

Mi mujer, espléndida en todos los sentidos. La conocí hace inta y siete años largos, un diez de junio inolvidable… yo sólo quería ligar, tras un noviazgo roto, y pasarlo bien, “hoy con una, mañana con otra”, me decía. Pero ella me enganchó. Y sólo fue ella. Hasta hoy y para siempre, D.M.

Trabajo, mucho, durante muchos años. Años intensos profesionalmente, llenos de actividad y viajes, de problemas y de satisfacciones, de éxitos y fracasos, frenéticos. La Informática, a la que me dediqué, no tiene remedio ni tiene fin y las 24 horas del día me resultaban escasas los más de los días, cuando mi función era la de técnico, o la de director técnico. Ahora, menos mal, más tranquilo, aquel ritmo no había quien lo aguantara.

A los enta, otros enta hace ya tiempo, la depresión. Dura, insoportable, desesperanzada. Felizmente superada tras siete años agobiantes. Malas consecuencias: despido, desesperación, tambaleos en casa –sin graves consecuencias, si exceptúo el tremendo sufrimiento de mi mujer- y futuro incierto. Futuro profesional finalmente despejado gracias a una amiga.

Ahora debería definirme a mí mismo para completar el dibujo. Difícil tarea. Imposible, quizá. Además, si lo hiciera, no dejaría de parecer tonto o mentiroso, presuntuoso, humilde o vanidoso, iluminado o estúpido. Lo mejor es dejarlo así.

miércoles, 25 de febrero de 2009

99. Más Haikus (dos), en 400 palabras (sesenta y cuatro).

Me decía Fusa, en su comentario a mis anteriores haikus, que “te pasa como a muchos, entre los que me incluyo, que lo que te gusta es jugar y jugar con las palabras”. Pues sí, así es. Jugué con ellas centrándome en las palabras que tienen que ver con la mar y mis playas de Cái y me salieron 43 haikus sobre la mar, las olas, las gaviotas, la arena, los vientos… en 400 palabras, cómo no. Me gustó la primera experiencia, que me sugirió un amigo, y la verdad es que me está resultando un juego divertido escribir en 5, 7 y 5 sílabas; esta vez sobre un entorno que me apasiona. No es tan difícil; pensé que la imaginación se me había agotado cuando escribí los anteriores, pero no…

Los acompaño de fotos sobre el ambiente. Quedan más propios.


43 haikus más








© 2009. El autor de esta bitácora.

domingo, 22 de febrero de 2009

98. Olas en mis playas de Cái.

Olas de la mar en mis playas de Cái este corto fin de semana. Intenté detener el tiempo mientras las contemplaba, mientras me bañaba en ellas, mientras saboreaba su sal, mientras me tostaba al sol... pero se me escurría entre las manos, como la propia mar...

















Un vídeo para disfrutar de la mar y sus olas:

jueves, 12 de febrero de 2009

97. Haikus (uno), en la mitad de 400 palabras.

Descubrí los haikus hace unos días. Curiosas estrofas. Me creí incapaz de componer una, pero me puse un rato, me divertí y me salieron 23. Y son excatamente 200 palabras (no me atrevo a llegar a 400). Son malos, ya lo sé, y con alguna licencia, pero los escribí en unos minutos y, como me han hecho gracia, los publico. Dicen que deben hablar de la Naturaleza, y lo intento.

Va de Haikus (versos de 5, 7 y 5 sílabas)

Antes no llovía.
Ahora nos inundamos.
Ya escampará.

Sol y luna
frente a frente, solos,
deslumbrando.

La mar en calma,
suave, incierta, plena.
Olor a sal.

La mar salvaje,
con sus tremendas olas
una tras otra.

La mar serena,
lamiendo suavemente
la arena fresca.

Sobre la mar
quiero que me dejéis,
cuando mi hora.

Playa de suaves
olas, acariciando
la arena rubia.

Otoño de oro,
primavera florida,
verano suave.

Verde el prado,
colorada tu cara,
azul el cielo.

Azul tus ojos,
como el color del cielo,
rojos tus labios.

Amor difícil,
corazón indómito…,
inalcanzable.

Amor factible,
corazón generoso…,
enamorado.

Números primos,
Matemática sabia,
irresolubles.

Muy difícil la
hipótesis de Riemann,
aún sin demostrar.

Luna menguante,
sobre cielo muy negro,
incomparable.

Seco, travieso,
mi viento de Levante
en mi Cádiz.

Húmedo, fresco,
mi viento de Poniente
en mi tierra.

Olas saladas
y arena húmeda,
bajo el sol.

Espuma blanca
que dejan las olas
sobre mis pies.

Sabes a sal,
te adoro por ello,
me enloqueces.

Lágrimas tristes
que caen de tus ojos,
como dos ríos.

Sonrisa dulce
la que pone tu cara,
deleitándome.

Ojos castaños
con los que tú me miras,
deslumbrándome.
© 2009. El autor de esta bitácora.

jueves, 29 de enero de 2009

96. La vida, en 400 palabras (sesenta y tres).

La vida

No seré el primero, por supuesto, ni el último, que escriba sobre la vida. Ni siquiera seré el único que lo haga en cuatrocientas palabras, aunque no creo que haya tantos chalaos como yo para limitar a ese número las palabras sobre la vida. La probabilidad no es cero, alguno habrá.

En fin, a lo que iba: la vida. Extraño fenómeno. Ya la definieron con supuesta precisión los filósofos de una u otra tendencia y los religiosos de todas las religiones, razonando y justificando su existencia. Y ya nos la han explicado los científicos, aunque el origen, hasta donde yo sé, no sé si está suficientemente claro. Aproximado, sí.

Por lo tanto no voy a escribir en cuatrocientas palabras de lo que otros, con autoridad o creencias, han escrito ya. Simplemente voy a reconocer que me admira este fenómeno de la vida, a reflejar que soy consciente de que lo disfruto y lo sufro, a aceptar que soy un privilegiado y que probablemente vivo en un mundo y tiempo extraordinarios. Injustos, pero extraordinarios.

La vida es el ayer, el hoy y el mañana, ¿no? Y es el hábito, la rutina, el recuerdo, la esperanza, el deseo, la preocupación, los planes, la dedicación, el trabajo, el ocio, el amor, la paciencia, la espera, la frustración, el cabreo, la alegría, el placer, el sufrimiento, la pena, las múltiples sensaciones, el ejercicio, el sueño, las comodidades, las tragedias, el sustento, la estupidez, la inteligencia, la tristeza, las caricias, la pereza, la palabra, el odio, la (mala) suerte, la amistad, la pareja, la paternidad, el movimiento… ¡es tantas cosas! Todo se vive, con mayor o menor intensidad; todo se vive y dura más o menos, depende. Es triste que muchos sólo vivan en la desgracia. Es triste que algunos, o muchos, sólo provoquen desgracias. No es justo. Y los que vivimos en este mundo y tiempo extraordinarios que nos ha tocado vivir nos quejamos. No es justo.

La vida, al final, está hecha de pequeñas cosas, de pequeños gestos, de pequeños esfuerzos que pueden resultar en algo grande, o no, de pequeños segundos que hacen minutos, que a su vez hacen horas y días y años… y los años pasan… y su pasar no se controla.

Uno es espectador y actor al mismo tiempo, y la acción y el espectáculo se confunden.

Eso es la vida, con muchas más cosas, digo yo.

sábado, 24 de enero de 2009

95. Casi imposible, en 400 plabras (sesenta y dos).

Casi imposible

Mi hijo se quiere dar de baja de Movistar. Como está liado, me ofrezco a ayudarle.

Llamo al 609 para preguntar —simplemente preguntar— cuál es el procedimiento. Me piden el número de teléfono. Luego el DNI. Discuto y digo que no sé para qué quieren mi DNI, pero se lo doy. Me dicen que no coincide con el titular del teléfono. Claro, el teléfono es el de mi hijo y el DNI, el mío. Le facilito el DNI de mi hijo. Insisto en preguntar el procedimiento, pero me responden que no me lo puede decir, que me pasan con un asesor personal, que muchas gracias por llamar a Movistar. Le explico que… Han transferido la llamada (a no sé quién; debe ser al “asesor personal”, ¡qué importante soy!) “No se retire. Le atenderemos lo antes posible”. Mensaje que se repite (las conté) 18 veces, y entre cada mensaje transcurren 18 segundos; es decir, esperé casi 5 minutos y medio. Por fin se pone una tal María C. Le vuelvo a explicar el tema. Le digo –craso error- que es para mi hijo. Me pide el número de teléfono. Lo doy por segunda vez. Me dice:

—Como no es el titular no le puedo dar la información.

—Vamos a ver, señorita, sólo quiero saber el procedimiento, mi hijo está en Australia y se quiere dar de baja de Movistar —le digo, ya chillando.

—Pero como no es el titular no puedo decirle nada.

Chillo, me cabreo, la insulto (a ella no, le pido disculpas, insulto a su compañía y le amenazo con ir a la asociación de consumidores, al juzgado de guardia y al defensor del pueblo. Nada. Que no soy el titular. Entonces cambio de estrategia):

—Bien, yo soy el titular, ¿qué datos necesita?

—No me engañe. Ud. no es el titular, me lo ha dicho antes.

—Le mentí. Soy el titular de esa línea. Mi nombre es… ¿quiere mi DNI?

—Le insisto en que no juguemos. Ud. me dijo que no era el titular. No lo puede ser ahora.

—Pues mire, ahora lo soy. Déme la información, por favor.

—No puedo. Tiene que llamar el titular.

Entonces llego al límite y chillo hasta desgañitarme. Me cuelga (lógico). Pero, ¡oh, milagro!, salta una cinta magnetofónica que dice: “Envíe una carta firmada con número de teléfono y fotocopia de DNI, indicando baja, al Apdo. de Correos 151124, 28080”.

Fin.

domingo, 18 de enero de 2009

94. Nada.

Le he dado orden de escribir a mi única neurona.

Y no ha escrito nada.

 

Esto es lo que hay.

miércoles, 14 de enero de 2009

93. Mi hora bruja, en 400 palabras (sesenta y una).

Mi hora bruja

Mi hora bruja empieza a las once. Es cuando me siento ante el ordenador, a veces ante la pantalla en blanco del procesador de textos, con los cascos puestos para escuchar música barroca, o la ópera Carmen o una de Wagner, o coplas de Pasión Vega y Carlos Cano, depende. Hoy tocan unas coplas, primero, y, luego, unos conciertos de Brandeburgo. A veces con una copa de brandy a mano y siempre con un pitillo.

Es la hora bruja porque no se oye más que mi música y me dedico a lo mío. Leo las bitácoras de otros, contesto a los que comentan en mi bitácora, escribo 400 palabras, invento. A veces, sueño.

Y no es necesariamente la mejor hora del día, que hay otras: pasear a mi perro Golfo, siempre con mi mujer, a las ocho y media de la noche, es otra hora mágica. Charlamos, intercambiamos opiniones, comentamos los hechos del día, hablamos de nuestros hijos, discutimos…; el otro día nos pilló un barrendero, con su carro, en plena discusión; al día siguiente le dijimos: es que llevamos enta y cuatro años casados y ayer nos tocó discutir, pero ya hicimos las paces… “¡Anda! como yo con mi mujer, los mismos años… ¡y qué buena es la reconciliación!” nos dijo. Ya somos casi amigos.

Pero a lo que iba: mi hora bruja. No siempre lleno la hoja en blanco, que a veces se queda así, en blanco. Y yo, frustrado. Es curioso: hoy se me ocurrió simplemente el título, “la hora bruja”, y estoy poniendo negro sobre el blanco de mi procesador de textos. Aunque me parece recordar que sobre esto escribí ya alguna vez. No importa, repetiré. Después de noventa entradas, uno no puede exigirse ser original.

Es la hora bruja porque, aunque miro el reloj que mañana hay que madrugar, hago lo que quiero y no cuento los minutos. A veces, me aburro. O repaso lo que tengo que hacer mañana, con pereza. O reviso los acontecimientos del día, como hoy. Estaba yo contento por el resultado 2008 de la empresa; pero luego mi jefe me desengañó: no fue tal, sino bastante menos. O sea, que adiós al incentivo. “Hay que enjugar las pérdidas del año pasado y contar con estos gastos”. Mala cosa. Otro año en blanco, en plena crisis ¿qué crisis?

Y así, hoy, se me ha consumido mi hora bruja.

sábado, 10 de enero de 2009

92. Te busqué en la mar.


Te busqué en la mar,

sobre las olas.

Te busqué en la mar,

entre la espuma blanca

de las olas al romper.

Te busqué en la mar,

en sus aguas transparentes de la orilla,

en sus aguas verdes cercanas,

en sus aguas azules profundas.

Te busqué en la mar,

sobre su superficie cambiante,

por si flotabas sobre ella;

y en el fondo marino,

por si te habías hundido.

Te busqué en la mar,

que en tierra no estabas,

te habías ido.

Te busqué en la mar,

con un deseo incontrolable de encontrarte,

con ansia,

con pasión.

Te busqué en la mar,

loco por ti.

martes, 6 de enero de 2009

91. ¿Qué hora es?, en 400 palabras (sesenta).

—¿Qué hora es?
—Las ocho.
—¿Salimos?
—Para qué.
—Para dar una vuelta, para hacer algo.
—Yo estoy bien aquí.
—Yo no, estoy aburrido.
—Pues estás conmigo, ¿te aburro yo?
—No, tú no me aburres, me encanta estar contigo.
—¿Entonces?
—Simplemente me apetecía salir…
—Bueno, si quieres…
—De acuerdo.
—¿Y adónde vamos?
—Adonde tú quieras.
—Pero si el que quieres salir eres tú.
—Sí, claro, pero te dejo elegir.
—Mira, mejor nos quedamos aquí, ¿vale?
—Vale.

—¿Qué haces?
—Leer, ¿no me ves?
—¿Y qué puedo hacer yo?
—Puedes leer también.
—No, para un rato...
—Pues pon la tele, si quieres.
—Es un rollo, nunca hay nada que ver.
—Pues vete a dar un paseo.
—¿Solo?
—Solo, ¿por qué no?
—Solo no me apetece. Me apetece contigo.
—Fuera hace frío y aquí se está muy bien.
—Bueno, como quieras.

—Voy a dar una vuelta.
—¿Solo?
—Sí; te parece bien, ¿no?
—Claro, claro. ¿Y adónde vas?
—No lo sé. A dar una vuelta.
—¿Quieres que te acompañe?
—Sí, por favor.
—Vale. ¿Y qué hacemos?
—Dar una vuelta.
—¿Por el barrio?
—O más lejos.
—Hace frío y amenaza lluvia.
—Pues nos abrigamos.
—Espera a que termine la novela. Está interesante.
—¿Cuánto te queda?
—Si me interrumpes, toda la vida.
—Me callo.

—Ya la terminé.
—¿Salimos?
—Pero ya son las diez, ¿no es un poco tarde?
—No lo sé, me dijiste que cuando terminaras la novela. Yo he esperado.
—Bien, me vestiré.
—No necesitas vestirte, ponte el abrigo encima.
—Y salgo con estos trapos, ¿no?
—No son trapos, y con el abrigo no se te ven, en cualquier caso.
—No, me visto en condiciones, si no, no salimos.
—Venga, vístete.

—No sé qué ponerme. ¿Vamos a cenar fuera?
—No, no era mi intención, aunque por la hora que es…
—Pues, si quieres, cenamos.
—De acuerdo.
—Entonces me pongo elegante.
—Pero yo voy en vaqueros, no pienso cambiarme.
—Tú ve como quieras, pero yo me pongo guapa.
—Tú siempre estás guapa, te pongas lo que te pongas.
—Gracias.

—Ya estoy lista.
—¡Bravo! Ya era hora.
—¿Qué pasa? ¿Te molesta?
—No he dicho que me moleste, he dicho que ya era hora.
—Pues me vestí en dos minutos.
—Dos horas.
—¿Cómo que dos horas?
—Hace dos horas que te pedí salir.
—Pero entonces no me apetecía.
—Pero han sido dos horas.
—¿Sabes que te digo?
—Qué.
—Que te vayas tú solo.
—¿Yo solo?
—Sí.
—¡Joder…! Vale, adiós.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

90. Se acerca ya el fin de 2008, en 400 palabras (cincuenta y nueve).

Se acerca ya el fin de 2008…

Pero va a comenzar 2009 y uno no sabe qué es peor. Los augurios no son nada halagüeños. Vamos, que son un desastre; que si en 2008 hemos sufrido una crisis ¿qué crisis? ésta ha sido un juego de niños comparado con lo que nos espera.

Si recordáis, en éste nuestro amado país negábamos allá por septiembre, incluso en octubre, que hubiera crisis, que nuestro mundo financiero era el más fuerte del mundo, que nuestra economía era de las más sólidas, que aquí no había hipotecas subprime, que era una crisis internacional que a ¡Ehpaña, Ehpaña! afectaría poco, que el índice de morosos estaba por debajo de la señal de alarma, que seguíamos creciendo, que sería una crisis ¿qué crisis? pasajera, que… hasta que nos dimos de bruces con casi 200.000 parados de golpe, y luego otros casi 200.000… y se esperan casi 300.000 en diciembre. Mientras, los autónomos (a los de las de autonomías de esta nación me refiero), despilfarrando en viajes, coches tuneados, despachos y no sé cuántas cosas más… Pero, ya se sabe, es que el dinero público no es de nadie. Lo dijo nada menos que una ministra del gobierno de ¡Ehpaña, Ehpaña!, que en paz descanse (la ministra de su ministerio, digo).

No hay crisis ¿qué crisis? y, casi, ni se le espera. Ya estamos en recesión, ¡cosa más rara! La culpa la tienen los bancos americanos que insistieron en conceder hipotecas a los negros sin recursos. O sea, que como la culpa no es nuestra, no lo es tampoco que sumemos 700.000 parados en tres meses (no creo, sinceramente, que el parado opine igual).

Todo esto venía a cuento de que termina 2008 y empieza 2009, y yo iba a decir (a escribir) otras cosas: iba a decir que esta nochevieja me he prometido no romper un plato, ni tirar el salmón con alcaparras al suelo y, mucho menos, coger la bolsa de los langostinos y tirarla en la basura del garaje (podéis leer aquí lo que hice en una nochevieja anterior). Este año me he reformado: es obvio que no ayudaré a mi mujer a preparar los aperitivos, ni pondré la mesa, ni la recogeré. Me limitaré a cenar, tomar las uvas y felicitar a todos el nuevo año. Si habéis leído esto, lo entenderéis.

Pues lo dicho: a todos mis lectores, ¡FELIZ 2009!, con permiso.