Bienvenido a este mi cuaderno de bitácora

Querido visitante: gracias por pasar por aquí y leerme.
Aquí encontrarás ligeros divertimentos y algunas confidencias personales, pocas.
A mí me sirve de entretenimiento y si a ti también te distrae, ¡estupendo!.
Si, además, dejas un comentario... ¡miel sobre hojuelas! Un abrazo,
Guarismo.
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lunes, 19 de abril de 2010

160. Me fui contigo.

Me fui contigo.

Me lo pediste
con tu mágica mirada
y no me resistí.

No podía.

Te seguí a donde tú fuiste.
Muy de cerca,
junto a ti.

Tu sonrisa, tu alegría, tu humor, tu amor…
Tu fortaleza, tu carácter,
tu sufrimiento, tus malos momentos…
Tu vida.
Todo me unió a ti,
“en lo malo y en lo bueno”.
Y en la espera (que nuestra vida es una espera).

Me fui contigo, te seguí,
y aquí me tienes,
contigo aún.

sábado, 5 de diciembre de 2009

138. Te amaría de nuevo como siempre...

Te amaría de nuevo como siempre.
De hecho, te amo.

Aunque distemos mucho del amor físico que nos consumía.
Será que ya no tenemos treinta años, ni cuarenta siquiera.

Pero quiero que lo sepas. Te amo igual,
aunque sea distinto nuestro amor.

Y no es la costumbre,
que la costumbre amortigua las cosas
y mi amor no está amortiguado.

Y tampoco amortizado, que aún me queda.
Aún te debo mucho amor y te lo quiero dar,
pese a que, a veces, no te lo demuestre.
Eso se debe a mi torpeza, que sabes que soy torpe.

Te quiero.


sábado, 28 de noviembre de 2009

137. Quise atraparte.

Quise atraparte
y te me escapaste por entre los dedos,
como el agua.

Tú lo sabías
y no dejaste que me acercara a ti,
por si acaso.

Yo lo intenté,
y tú te diste cuenta, y te escabulliste,
como el aire.

Lo hiciste bien.
Hiciste lo que debías. ¿Renunciando a tus deseos?
No lo sé.

Quizá no,
quizá no te importó, que sólo lo imaginé o acaso lo soñé.
Y lo deseé.

Lo creí posible,
pero no lo era, y no habría sido lo mejor, por si el fracaso.
Ahora lo sé.

¿Quizás algún día?
No, ya no lo creo, ya no lo espero.
Será así.

Aunque duela.

Me quedaré con el recuerdo,
que me llena.

sábado, 21 de noviembre de 2009

136. Te cogí por las alas.

Te cogí por las alas
antes de que levantaras el vuelo.
Te las sujeté para evitarlo,
pero no pude.

Levantaste el vuelo y me llevaste contigo.
Volamos juntos cuando yo quería que nos quedáramos en tierra.

Nos quedaba mucho por hacer.
Tú creías otra cosa, ya lo sé.
Tú pensabas que había llegado el momento y querías volar.
Y volaste; me arrastraste en tu vuelo.

Quise retenerte, pero no pude.
“Volaremos luego”, te dije.
“Volamos ahora”, respondiste,
y desplegaste tus alas,
que me rodearon.

Me hiciste volar como nunca volé,
me hiciste verlo desde una nueva perspectiva,
aunque yo me resistí hasta que no pude más.
Y entonces me dejé arrastrar por tu vuelo impetuoso.

Ya no te dejaré nunca volar sola;
volaré contigo.

domingo, 19 de abril de 2009

105. Quisiera enamorarte...

Quisiera enamorarte de nuevo,
como antaño,
con fuego.

Quisiera quererte como te quise,
como antaño,
con toda mi pasión.

Cuando tu cuerpo olía a volcán
y el mío entraba en erupción.

Cuando no había en ningún sitio nada más que tú.
Cuando mis ojos eran los tuyos
y tu boca era mi boca.

Quisiera repetir mi vida contigo.
Quisiera amarte como te amé
y sentir que me amas como me amaste.

Hoy te quiero con ese amor maduro que llega con los años.
Te siento cerca.
Intuyo que me sientes cerca, que me quieres…
que me quieres con ese amor maduro que llega con los años.

Hoy tus ojos y mis ojos miran al mismo sitio
y tu boca y la mía hablan las mismas palabras.

La vida ya no nos pertenece.
Y por eso deberíamos reinventarla
y volver a la pasión,
al amor que quema, al amor que duele,
al amor que huele a sal,
al amor que enamora,
al amor que sabe a mar,
al amor que añoro.

Pero te amo.

sábado, 10 de enero de 2009

92. Te busqué en la mar.


Te busqué en la mar,

sobre las olas.

Te busqué en la mar,

entre la espuma blanca

de las olas al romper.

Te busqué en la mar,

en sus aguas transparentes de la orilla,

en sus aguas verdes cercanas,

en sus aguas azules profundas.

Te busqué en la mar,

sobre su superficie cambiante,

por si flotabas sobre ella;

y en el fondo marino,

por si te habías hundido.

Te busqué en la mar,

que en tierra no estabas,

te habías ido.

Te busqué en la mar,

con un deseo incontrolable de encontrarte,

con ansia,

con pasión.

Te busqué en la mar,

loco por ti.

martes, 23 de diciembre de 2008

89. Me gustaría volar como la gaviota...

Me gustaría volar como la gaviota,

con su vuelo pacífico

a merced del viento;

con su vuelo fuerte,

contra el viento.

Me gustaría volar como la gaviota

sobre las olas del mar,

o meciéndome en ellas

mientras busco alimento.

Me gustaría levantar el vuelo

y volar como la gaviota,

y contemplar el mundo desde arriba,

sin involucrarme.
Me gustaría volar como la gaviota

y sobrevolar en silencio

las playas de mi Cái,

desde lo alto.
Me gustaría volar como la gaviota

y contemplar el mundo

con sus ojos achinados…

¿qué vería?
Me gustaría levantar el vuelo

y reírme del mundo

y volar sin rumbo fijo,

como la gaviota.

Me gustaría volar como la gaviota,

dejándome llevar

con las alas desplegadas

por el viento de Levante.

Me gustaría volar como la gaviota,

ahora al Sur,

ahora al Norte,

ahora adonde me diera la gana.

Me gustaría levantar el vuelo

e imitar a la gaviota

en su vuelo majestuoso,

libre.

Me gustaría levantar el vuelo

y ser gaviota.


viernes, 14 de marzo de 2008

36. A mi perro Golfo, en 400 palabras (diecinueve).

Valgan estas pobres y simples estrofas, en cuatrocientas palabras, para hablar sobre mi perro. Están entresacadas de los 1.180 versos que componen “El encuentro, el noviazgo y, en verso, 25 años” que le escribí a mi contraria cuando nuestras bodas de plata, recogiendo nuesta vida en tono de broma. No soy poeta, a la vista está (y ya me lo dijo estrella de mar) pero me divertí mucho componiéndolos y, más, leyéndolos en la cena familiar. He añadido las últimas estrofas, por actualizarlo.

A mi perro Golfo

Desde que era pequeñita,
y casi todas las mañanas
me decía mi hija Yoana:
“Papá, quiero un perro en casita.”
“Si quieres en casa un perro,
entonces has de elegir:
¿por quién vas a decidir?
¿por tu padre... o por el perro?”
Yo siempre le respondía así
y ella al rato me decía:
“perro, papá”. Sí, perro quería...
más tarde lo descubrí.
Un día me dice en el coche
“¿me compras un perro, papá?”;
“preguntémosle a mamá”,
respondí yo sin reproche.
Y es que estaba tan seguro
de que mamá diría que no
que en absoluto me importó
preguntarle sin apuro.
Pero, ya una vez en casa,
cuál no sería mi sorpresa
que, sentados a la mesa,
dijo su madre, con guasa:
“Pues me hace mucha ilusión
y nunca me atreví a pedirlo.
¿Querrás, papá, permitirlo?”
¡Vaya, qué gran decepción!,
pues contaba con su apoyo.
Me sentía yo tan seguro
de que a mi favor sería un muro...
¡y resulta que fue un escollo!
Entonces me debieron pillar
en un momento muy débil,
pues dije, poniéndome flébil,
“lo tendremos que pensar,
¿de qué raza lo queremos?
¿será hembra o vale un macho?,
¿bobalicón o vivaracho?
¿con pedigrí o callejero?”
Y la decisión tomamos.
Pronto fuimos a por él;
de raza, Cócker Spaniel,
que así lo seleccionamos.
Nariz chata, hocico largo,
pelo negro de azabache
y suave como un mapache;
en los brazos me hice cargo.
Dije yo: “Esto es el colmo.
“¿Y cómo le llamaremos?"
“Tiene cara de pilluelo”.
“Pues le llamaremos Golfo”.
Y ahora he de confesar
que estoy con él encantado
que duerme en cama a mi lado
¡y que le he querido besar!
Es de casa la alegría,
aúlla cuando nos vamos
y, cuando de nuevo entramos,
nos hace unas perrerías...
Ahora está tan sordo el pobre
que da pena cuando lo llamo,
cuando le grito o lo reclamo,
pero sigue siendo noble.
Es, como nadie, mimoso,
nunca se nos separa.
Cuando nos ve, ya se prepara
y se pone cariñoso.
En la playa corre conmigo,
del uno al otro extremo,
y ladra sin ningún freno
hasta que por fin hago el giro.
Le dan miedo las grandes olas,
pero si la mar está calmada
nada, nada y requetenada,
moviendo a ritmo la cola.
Tiene edad ya de jubilado,
sesenta y cinco ha cumplido;
y sigue como siempre ha sido,
juguetón, alegre, animado.

viernes, 23 de noviembre de 2007

10. Ahora, poesía... o casi (uno)

Hace ya unos años me dió por intentar escribir algunos versos. Los escribí, pero yo no sé juzgarlos (serán malos y cursis, seguro, pero ¡qué le voy a hacer!). De momento, expongo éstos, que dediqué a mi mujer y sé que puse mucho cariño en ellos.


Tu estela

Tu estela me envuelve ¡hace tanto tiempo…!
Desde el instante primero en que te conocí
reconocí tu estela libre al viento,
me cautivó hechizado, me arrolló y te seguí.

Tú dejas en tu estela parte de ti,
que de ti se desprende y me inunda,
suavemente, y penetra, entra en mí,
por los poros de mi piel, profunda.

Henchido de tu perfume sigo tu estela,
si intento escapar no puedo,
si huir pretendo no me dejas,
me retienes, me enamoras y me quedo.










¿Qué tiene tu estela que me embelesa?
¿Qué, que tanto me ata y me enloquece?
Me arrastra hacia ti con fuerza, no cesa,
no se contiene, permanece.

Lleno de espuma blanca,
de la espuma perfumada de tu estela,
sobre la mar en calma
me llevas hasta tu vera.

Y allí te abrazo, me fundo contigo,
tu estela y la mía se vuelven una.
¿No eres tú, acaso, por quien yo suspiro?
¡Eres tú, sin duda alguna!

© 1999, el autor de este blog.