Golfito
Mi perro Golfo, Golfito, murió ayer, tras un fuerte ataque de asfixia, sedado, tranquilo. Su veterinario nos asegura que no sufrió. Nos dejó a los 15 años (15 años menos 9 días) y tras unas semanas de encontrarse pachucho. Sabíamos que iba a ser más tarde más temprano, estábamos preparados... o eso creíamos. Pero no. Hemos sufrido y lloramos su pérdida. Ahora lo vamos a echar mucho de menos. Ya no me recibirá cuando llego a casa con esa alegría que lo caracterizaba. Ya no disfrutará haciendo sus travesuras ni nos hará disfrutar a nosotros... Ya no nos reiremos con sus gracias o sus manías, ya no gozaremos de su presencia siempre atenta. No recibiremos su cariño desinteresado... Ya no está con nosotros.
Ahora nos queda recordar los 15 años (15 años menos 9 días) de felicidad que nos ha regalado. Juguetón, alegre, travieso, bueno como él solo, fiel, sobre todo fiel, obediente, simpático... Era la alegría de la casa.
Ahora pienso en aquella respuesta que le di a mi hija cuando me dijo: "papá, quiero un perro". Le contesté: "elige: perro o padre; si un perro viene a esta casa, tu padre se irá". "Perro", me respondió, y a por él fuimos. Siempre recordaré aquella frase que mi padre decía: "no quiero animales, que se les coge mucho cariño y luego se sufre mucho cuando mueren" ¡Cuánta razón tenía! Nunca creí poder coger tanto cariño a un bicho. Claro que no era un bicho, era mi perro Golfo, al que he querido una barbaridad. Y al que sé que, desde hoy, voy a extrañar muchísimo. No lo encontraré a las siete y media de la mañana para sacarlo a la calle, ni a las ocho y media de la tarde para dar un paseo los tres, mi mujer, Golfo y yo.
Ya no correrá conmigo por mi playita de Cái, ni me ladrará en cada extremo para dar la vuelta. Ya no jugaremos a perseguirlo por la arena para que simulara enfadarse y gruñera... Lo voy a echar mucho de menos.
Si existe un cielo para perros, por qué no, Golfito estará allí y desde allí nos estará observando y disfrutando de nosotros. Desde luego mi perro Golfito vive en nuestra memoria y nunca nos olvidaremos de él. Nunca olvidaré lo que me ayudó cuando pasé aquella maldita depresión. Nunca olvidaré los ratos maravillosos que nos ha dado.
Ahora nos queda recordar los 15 años (15 años menos 9 días) de felicidad que nos ha regalado. Juguetón, alegre, travieso, bueno como él solo, fiel, sobre todo fiel, obediente, simpático... Era la alegría de la casa.
Ahora pienso en aquella respuesta que le di a mi hija cuando me dijo: "papá, quiero un perro". Le contesté: "elige: perro o padre; si un perro viene a esta casa, tu padre se irá". "Perro", me respondió, y a por él fuimos. Siempre recordaré aquella frase que mi padre decía: "no quiero animales, que se les coge mucho cariño y luego se sufre mucho cuando mueren" ¡Cuánta razón tenía! Nunca creí poder coger tanto cariño a un bicho. Claro que no era un bicho, era mi perro Golfo, al que he querido una barbaridad. Y al que sé que, desde hoy, voy a extrañar muchísimo. No lo encontraré a las siete y media de la mañana para sacarlo a la calle, ni a las ocho y media de la tarde para dar un paseo los tres, mi mujer, Golfo y yo.
Ya no correrá conmigo por mi playita de Cái, ni me ladrará en cada extremo para dar la vuelta. Ya no jugaremos a perseguirlo por la arena para que simulara enfadarse y gruñera... Lo voy a echar mucho de menos.
Si existe un cielo para perros, por qué no, Golfito estará allí y desde allí nos estará observando y disfrutando de nosotros. Desde luego mi perro Golfito vive en nuestra memoria y nunca nos olvidaremos de él. Nunca olvidaré lo que me ayudó cuando pasé aquella maldita depresión. Nunca olvidaré los ratos maravillosos que nos ha dado.