Diez instantáneas de una ola de mis playas de Cái.
lunes, 5 de julio de 2010
domingo, 27 de junio de 2010
170. Tu risa, en 400 palabras (ciento diez).
—Me gustas más cuando ríes.
—Pues hoy no río.
—Es una pena.
—No es una pena. No todos los días se ha de reír.
—Yo creo que sí. La risa es muy sana. Además, es contagiosa y yo necesito que me contagies con tu alegría.
—Eso es muy cómodo... ¿por qué no te ríes tú?
—Yo me río cuando tú te ríes.
—Podría ser al revés, ¿no?
—No, yo no sé reírme sin ti.
—Pues hoy no busques mi risa, que estoy triste.
—Ya, ya lo veo. Y es una pena, insisto.
—¿Has probado a reírte tú?
—Sí, lo he probado, pero no me sale. Necesito tu risa.
—No estoy de humor.
—Cuéntame por qué.
—No, no sabría explicarlo. No sé qué me pasa.
—¿Lo intentamos?
—No, no insistas. Creo que lo mejor es dejarlo. Ya se me pasará.
—Como quieras.
...
—Oye.
—Qué.
—Necesito tu risa.
—Y yo.
—¿Entonces?
—Entonces, ¿qué?
—Pues que te rías.
—No puedo.
—¿Todavía no?
—No.
...
—¿Sabes? Tu risa es como la vida para mí. Es un soplo de aire fresco, es el sol que me alumbra cada día, es el agua clara que baña mi cuerpo, es...
—¡No seas cursi!
—Vale, pero adoro tu risa.
—No es para tanto.
—Sí, lo es. Sin tu risa el día está como nublado, no luce el sol.
—Pues hoy lloverá. Es más, hoy va a diluviar.
...
—No te enfades, pero déjame preguntarte: ¿qué puedo hacer para que te rías?
—Nada.
—¿Te hago cosquillas, te cuento un chiste?
—No te esfuerces. Y no me canses más, que hoy no tengo ganas de reírme.
—Como quieras.
...
—¿Sigues triste?
—Sí.
—¿Me lo quieres contar?
—No.
—¿Es por mi culpa?
—No lo sé.
—¿Quieres que me vaya?
—No.
—¿Te vas a reír?
—No.
—Ven, que te enseño algo.
—¿Qué es?
—Una foto.
—¿De quién?
—Tuya.
—¿Y por qué tengo que verla?
—Porque en ella te ríes... a ver si te contagias.
—Hoy no, no estoy de humor, ya te lo dije.
—Pero si la ves a lo mejor te ríes.
—No quiero.
—Allá tú.
...
—Está lloviendo.
—Ya te lo dije. Y diluviará.
—Si te rieras, no llovería.
—No lo creo, llovería igual.
—Prueba a reír y dejará de llover.
—No estoy de humor.
—¿Por qué?
—Porque no me río.
—¿Qué te pasa?
—Creo que la he perdido.
—¿Has perdido qué?
—La risa.
—¿La buscamos?
—No. No aparecerá.
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sábado, 19 de junio de 2010
169. Historia cursi y antigua en versos haikus
historia en versos haikus:
Érase una
vez una mujer
bella; tan bella que no
era posible
mirarla sin que
los ojos quedaran tan
deslumbrados que
parpadearan
ante tanta belleza.
Pero llegó el
día en que un
hombre resistió tanta
hermosura y
la miró sin que
su mirada cediera.
Imperturbable,
ella le dijo:
“¿Por qué me miras así?”
“Eres muy bella”,
respondió él sin
pestañear, “y quiero
quedar contigo”.
“Pues tú me gustas.
Puedes invitarme a
cenar y bailar”.
“Hecho”, dijo él.
“Vendré por ti a las diez”.
“Sí, de acuerdo,
aquí estaré”.
Y a las diez llegó con
ramo de rosas
que le entregó
embelesado, y la
besó muy suave
en la mejilla.
Ella respondió con su
sonrisa dulce,
como siempre que
recibía halagos:
“Gracias, amigo”.
“¿Amigo? Aún no
nos conocemos, bella
dama. Pero lo
seremos, cierto”.
Cenaron exquisito,
luego bailaron
y, al terminar,
se dijeron: “Sigamos.
¿Adónde vamos?”
“A mi casa, si
quieres, que esta noche estoy
sola. Podemos
jugar y jugar,
disfrutar y reír con
nuestras palabras”.
“¿Sólo palabras?”
“Aún no nos conocemos
suficiente, por
lo tanto, no nos
lancemos a más, que a
lo mejor no es
lo idóneo”.
“Pero entiende
mis deseos: yo quiero
ir más allá y
disfrutar de ti
en todo lo posible.
¿Lo harás por mí?”.
“No si antes no
me prometes que no me
harás daño con
tu osadía.
Que no me dejarás por
otra más tarde,
que no me dirás
que fue aventura que
luego olvidas,
que prometerás
volver conmigo para
vivir unidos,
que me pedirás
en matrimonio cuando
estés seguro,
que no me vas a
abandonar nunca, ni
olvidar jamás
que hoy fuimos dos
seres en uno solo,
y muy felices”.
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domingo, 13 de junio de 2010
168. 10 de junio, en 400 palabras (ciento nueve).
He de contar lo que ocurrió un diez de junio de hace 39 años. Lo tuve que hacer el día diez, pero lo dejé pasar.
Acababa yo de dejar a una novia que tuve y, en plenos exámenes, me tomé la tarde libre para salir con unos amigos y con una idea fija en la cabeza: hoy ligo con una y mañana con otra; y pasado mañana con una tercera. Era fiesta (Corpus Christi, probablemente) y nos dio por jugar en una bolera. Terminada la partida, que supongo que perdí, nos fuimos a la calle Princesa, típico lugar por aquel entonces para ligar. Cafetería Peñavel. Nosotros éramos cuatro. Ellas, cuatro, también, en una mesa cercana. Tonteamos con miradas y gestos y alguna que otra invitación desde lejos. Nada. Mis compañeros, tímidos, más que yo, que ya lo era bastante. Pero a mí me atrajo la rubia del grupo y al final me decidí: “Si me reserváis a la rubia, las invito a un vino”, dije, y me lo prometieron. Me acerqué y, con mi mejor sonrisa y atrevimiento, las invité. Aceptaron. Mis amigos respetaron su palabra y me dejaron para mí a la rubia. Bebimos el vino y luego fuimos a tomar un helado al paseo de Rosales. La convencí para que viniera conmigo en moto, una lambretta de tercera o cuarta mano, de estudiante pobre (o rico, que era un lujo).
Hacía fresquito aquel diez de junio. Ella iba con traje de chaqueta y jersey blanco de cuello vuelto (¿se dice así?). Yo iba con jersey y sé que temblamos de frío sobre la moto mientras nos acercábamos al Manzanares, cuesta abajo. Pedimos el helado y yo me tomé el mío y el suyo (ella había cogido una indigestión de helados días antes y los aborrecía; a mí, me encantaban).
Me contó que esa tarde tenían previsto haber ido a Alcalá de Henares a tomar chocolate con migas o no sé qué, pero que se estropeó su flamante 600 y tuvieron que quedarse allí. ¡Qué casualidad! Si el 600 hubiera funcionado no la habría conocido. Me enamoró. Salimos al día siguiente y al otro, y al otro… Mis amigos me la reservaron bien… tanto como hasta hoy, 39 años más tarde. Y ya no es plan de ir hoy con una y mañana con otra, claro. Me quedé con las ganas… pero llevo feliz 39 años.
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domingo, 6 de junio de 2010
167. La mar de cerca.
Y un vídeo para cerrar los ojos, escuchar el rumor de las olas y creer que estamos allí...
domingo, 30 de mayo de 2010
166. Mudanza, en 400 palabras (ciento ocho).
“En tiempos de tribulación, no hacer mudanza”, dijo el santo. Pero en mi empresa, no: en tiempos de crisis se hace mudanza y, precisamente, por eso: por la crisis. Nos bajamos cinco pisos en el mismo edificio: algo más de la mitad de espacio por algo menos de la mitad del precio.
La encargamos a una empresa especializada. “A las 08,30 el viernes”.
Las nueve, las nueve y cuarto, las nueve y media: nada. Aparecen a las diez.
Incidente 1
—Disculpen, zeñores, pero el gepeeze eze nos zeñaló mal la caye.
El que me hablaba era de Cái, de Coní, para ser más exactos.
—Ya les advertí que la calle no estaba bien en los mapas... bueno, empecemos.
—No hemoh traío el camión, como eh en el mihmo edificio...
—Claro, claro.
—Pero tengo que aparcá la furgoneta y no hay zitio en la caye.
—Vale, pasen al garaje, yo les abro.
Y pasan.
Primer incidente: la baca de la furgoneta se estampana contra la barra de seguridad del garaje y destroza el techo.
—¡Joé! ¿Cá pazao?
—Pues que no han visto la señal de gálibo y se han chocado con la barra.
—¡Joé! ¿Y cómo ze lo cuento yo a mi hefe ahora, pisha?
—Bueno, tendrán seguro, ¿no?
—Me zupongo que zí.
—Pues, vamos, a trabajar —le dije algo nervioso ya por la hora—. Aparque al lado de ese coche azul... ¡vaya más despacio!
Incidente 2
—¡Pero, hombre, mire lo que ha hecho! ¡Me ha arañado todo el lateral!
—¡Ojú! Uhté perdone, lah prizah...
Incidente 3
—Tengan cuidado con ese armario, que está desvencijado.
—No ze preocupe, tío. ¡Manué, tráeme la cinta de pegá y doh mantah!
Al separarlo de la pared para poner las mantas y la cinta, el armario se descuajeringa, los laterales se abren y caen por los lados, las puertas hacia delante y las baldas, al caer, esparcen todo el material de oficina por el suelo.
—¡Pero, hombre! ¿No le había dicho que...?
—Udté no ze enfade, quezto lo arreglo yo en un periquete...
Incidente 4.
—Cuidado con ese cuadro. Pesa mucho y tiene cristal.
—¡Manué, éshame una mano!
—¡Ojú, cómo peza! Azín no, Manué, que lo vah a rompé...!
¡Crac!
—¡Pero, hombre! ¿No le había dicho que...?
—Bueno, lo pagará el zeguro, ¿no?
Incidente 5, y 6 y 7... hasta 20.
Ya lo dijo el santo: “En tiempos de tribulación, no hacer mudanza”.
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domingo, 23 de mayo de 2010
165. 400 palabras, en 400 palabras (ciento siete).
Escribir en 400 palabras, creo que ya lo dije, se me ha convertido en una especie de obsesión insuperable. ¡Hasta los haikus que publico aquí lo hago contando las palabras y ajustándolos a cuatrocientas! No es fácil, por cierto. Cuarenta y tantos versos de cinco y siete sílabas y en 400 palabras. Más que haiukus parecen sudokus… Es divertido.
Mis 400 palabras se refieren pocas veces a hechos reales; la mayoría son ficticios e inventados sobre la marcha, como los diálogos, aunque no niego un cierto poso de verdad en algunas. Pero, en definitiva, es escribir por escribir, por puro placer, aunque sometido a una cierta disciplina. A veces, me atasco y no me sale ningún relato, ni en 400 ni en veinte palabras. Otras, con la mente y el papel —o la pantalla— en blanco, me pongo a ello, como ahora, y escribo. Escribo idioteces u obviedades, pero escribo. Hoy, por ejemplo, ya he escrito tres.
Como creo que también dije ya en otra entrada de esta bitácora, y en 400 palabras, faltaría más, mis 400 palabras tienen una ventaja. Se leen en noventa segundos, sesenta si corres o ciento veinte si te entretienes. Nunca en más. O sea, que hago perder muy pocos minutos, hasta dos como mucho, a mis lectores. Y eso me tranquiliza; sobre todo si lo que escribo es un bodrio. Lo bueno, si breve, dos veces bueno, ya es sabido; pero lo malo, si breve, mucho mejor.
Cierto que en 400 palabras poco se puede decir y hay temas que exigen más. Entonces condenso, tacho, elimino y lo reduzco a 400 palabras, aun dejándome cosas y ganas en el tintero —o en el teclado—. Claro que otras veces ya he escrito lo que quería y siento la obligación de alargarlo hasta las 400 palabras. Es siempre una situación delicada: ¿qué digo, si ya lo dije? —¿qué escribo si ya lo escribí?—, ¿cómo alargo esto si ya está escrito todo?, ¿qué historias invento ahora para cumplir con mi obsesión? Bueno, debe notarse lo que es paja, pero yo siempre pienso, refiriéndome a esto, que la estupidez humana no tiene límites y yo he de cumplir con la parte alícuota que me corresponde. Sé que me toca y he de aceptarlo. Por ejemplo, me quedan dieciséis palabras por escribir. Ahora sólo diez. Cuando escriba éstas me faltarán sólo tres. ¡Qué estupidez!, ¿no?
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viernes, 14 de mayo de 2010
164. No sigas por ahí, en 400 palabras (ciento seis).
—No sigas por ahí, eso no conduce a nada.
—¡Que te lo crees tú! Ese camino es el bueno.
—Yo creo que no.
—Te equivocas.
—Mira, la prudencia dicta que no debemos aventurarnos sin estar seguros. Y ni tú ni yo lo estamos.
—Yo casi lo estoy.
—Pero no del todo.
—Bueno, pero merece la pena correr el riesgo.
—Mide las consecuencias.
—Ya lo hago y creo que debemos hacerlo.
—¿Y adónde nos llevará?
—No lo sé, precisamente se trata de averiguarlo.
—Es como caer en el vacío, tengo esa sensación.
—Pues yo, no. Además, creo que es la única alternativa que tenemos.
—Hay otra.
—¿Cuál?
—No abordarlo.
—Ya, pero entonces no solucionamos nada.
—Quizá sea mejor.
—Yo creo que no. Esto hay que aclararlo.
—Nos conocemos y los dos sabemos que no es el mejor camino.
—Hazme caso. Si lo hacemos, nos quedaremos tranquilos.
—O saltará todo por los aires.
—No, no lo creo.
—Te veo con mucha seguridad, pero no depende sólo de ti.
—Ya lo sé, depende de los dos, y cuento contigo.
—No lo sé. A lo mejor, si tomamos ese camino... yo creo que es mejor dejarlo como está.
—Yo no opino así. Ya sé que no estamos de acuerdo pero, si no tomamos la decisión, lo que estamos haciendo es trasladar un tema serio a una discusión estúpida.
—Ésta no es una discusión estúpida, estoy tratando de evitar problemas.
—Las cosas hay que aclararlas, si no, saltan cualquier día y con más virulencia.
—Ésa será tu forma de pensar, la mía es la contraria: lo mejor es dejarlo pasar y así no discutimos.
—Pero estamos discutiendo ya.
—Sí, pero sobre un tema sin importancia, no sobre el problema real.
—Lo que es absolutamente estúpido.
—Al revés, discutimos sobre esto, nos desfogamos, y olvidamos la discusión gorda.
—¡Ah! con que iba a ser una discusión gorda, ¿no? ¿Esas tenemos?
—Bueno, no te pongas así, pero sabes que es muy probable que discutamos a brazo partido.
—A lo mejor, no. Sólo se trata de aclarar el tema, no tenemos por qué discutir.
—¡Vamos ya! Si estamos discutiendo por esto, imagínate lo que discutiríamos por el tema que nos ocupa.
—No nos ocupa todavía.
—Mejor.
—¿Mejor?
—Sí, es obvio. Tal y como te pones terminaríamos fatal y yo no quiero eso.
—Yo tampoco, pero necesito aclarar el tema, no puedo más.
—¿Y si lo dejamos ya?
—¡No!
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sábado, 8 de mayo de 2010
163. Hoy estoy de buen humor, en 400 palabras (ciento cinco).
Hoy estoy de buen humor
Me he levantado siete minutos más tarde de mi hora habitual —reconozco que me quedé dormido—. Esos minutos me supieron a gloria y quizá sean los responsables de mi buen humor. Me levanté descansado, con la sonrisa en la boca y el ánimo alto (sólo el ánimo, no se me entienda mal).
He desayunado como siempre, naranja, plátano y café (las galletas con mantequilla las he dejado por un tiempo: he de quitarme unos cientos gramos de la barriga, que me aprietan los pantalones y no es momento de comprar otros).
Ayer hice ejercicio: jugué al squash y gané por 3 a 1 contra un contrario peleón, que se cabreó mucho. Pero, debe reconocerlo, hice un partidazo levantando un primer set, que perdí. Quizá ésa es otra razón para estar de buen humor. Me sienta bien el ejercicio físico y ganar me sienta aún mejor.
En el trabajo me espera un día sin aliciente alguno, ¡que le voy a hacer!, es lo malo del día. Cada vez me da más pereza, pero es lo que hay. Y afortunados somos los que tenemos trabajo.
Aunque no venga a cuento, o sí, hay frases que circulan por la Red que quizás me han animado. No me resisto a copiar algunas, hoy que estoy de buen humor. Por ejemplo:
“Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo. Tus amigos y familia sí. Mantente en contacto”. Cierto, pero, además, hay que trabajar.
“Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil”. Me apunto; me chifla el chocolate.
“La vida no es justa, pero aún así es buena”. Sí, aún así. Pero a veces la vida comete injusticias incomprensibles y salvajes. No es justa, no. Pero es lo que hay.“No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo”. Sabia frase. Todos deberíamos ser algo más humildes.
“Sé excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para serlo”. Debería serlo más, aunque me dé vergüenza. Reconozco que serlo de vez en cuando me produce un placer delicioso.
“Nadie es responsable de tu felicidad, sólo tú”. Es posible que sea así, aunque haya gente que se empeñe en lo contrario.
“Lo que las otras personas piensen de ti, no te incumbe”. Aunque uno anda pensando siempre qué pensarán los demás...
Hay más, pero con éstas me vale, hoy que estoy de buen humor. Intentaré aplicármelas.
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jueves, 29 de abril de 2010
162. Cachondeo global, en 400 palabras (ciento cuatro).
Cachondeo global
Cachondeo: 2. m. vulg. Desbarajuste, desorden, guirigay.
Global: 1. adj. Tomado en conjunto.
O sea, guirigays tomados en todo su conjunto, aunque se expresa mejor como cachondeo global.
A ver:
El gobierno de Catalunya y parte de la oposición, pidiendo que el Constitucional se declare incompetente para juzgar su Estatut.
“Indicios de que la economía mejora” Rodríguez dijo —sic— (sí: más paro, hasta 4.612.700; S&P rebaja la solvencia de España; informe negativo del FMI; crecimiento desaforado del déficit...). O “el paro toca techo y la recesión queda atrás”.
Demagogia utilizada en torno al uso del hiyab por una joven en un colegio.
Campaña contra el Supremo a cuyos jueces se les acusa de haber sido torturadores con el TOP franquista, y todo por el proceso a un juez estrella...
Búsqueda consciente y planificada de la división, otra vez, de España en dos.
Una Ley de Memoria Histórica que más parece una Ley de Revancha Histérica.
Un juez estrella dejando en la calle, por razones humanitarias, a un etarra condenado.
Un Presidente del Congreso que no explica el origen de sus múltiples bienes (¿tan difícil es si han sido legítimamente adquiridos?).
Una anunciada ley de “Igualdad de Trato” que, imagino por su nombre, será una patochada.
La Bolsa que cae día tras día.
Unos sindicatos que defienden que se pague el subsidio al parado, pero que no levantan una mano contra la destrucción de empleo.
Un ministro del Interior defendiendo como “modélica” la instrucción de un juez estrella sobre el caso Faisán, o chivatazo a ETA... cuando el caso sigue en un cajón... Claro, “modélica” para su departamento...
“Los datos están mejorando, nuestras exportaciones crecen, nuestro consumo de energía sube, nuestra... nuestra...” la Vicepresidenta segunda dixit. Fue en el Congreso y se atascó... (no me extraña, no encontraba un dato positivo más...).
Te dan una ayuda para comprarte un coche y Hacienda te quita una parte sustancial, sin advertirlo previamente.
El sondeador Ministro de Industria pretende recortar las ayudas a las energías renovables... ¿pero no era eso energía sostenible?
Panfleto xenófobo del PP en Badalona, ¿excusado después?
En el Senado se hablarán cuatro o cinco lenguas de España, cuando todos conocen la lengua común... Y el gasto, ¿qué? Tremendo disparate.
La inversión extranjera en España se evapora...
Y va el Barça y pierde...
¿Puede haber algo más? Seguro que sí. Pero no me cabe aquí.
Lo dicho, cachondeo global.
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sábado, 24 de abril de 2010
161. Política, muertos, guerra civil
La política actual y la Guerra Civil
Ya dije que no me gusta escribir de política aquí, aunque alguna vez lo hice. Pero hoy no puedo callar ante esos montajes que se están organizando en torno a Garzón, llenos de mentiras e inexactitudes hábilmente tejidas. He de decir que se utiliza la excusa del juez (que, por otra parte, está acusado de prevaricación, no de defender la ley de Memoria Histórica, seamos claros) para revivir las dos Españas que antaño fuimos, lo que es una pena y una atrocidad, desde mi punto de vista.
No habría sabido expresarlo mejor que D. Joaquín Leguina, nada sospechoso de ser de derechas, pero sí de tener un gran sentido común, que, hoy, en un artículo de opinión en EL País, dice las cosas claras. Coincido plenamente con él y os recomiendo que lo leáis en este enlace (espero que lo mantengan por un tiempo):
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Enterrar/muertos/elpepuopi/20100424elpepiopi_12/Tes
Tiene toda la razón.
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lunes, 19 de abril de 2010
160. Me fui contigo.
Me lo pediste
con tu mágica mirada
y no me resistí.
No podía.
Te seguí a donde tú fuiste.
Muy de cerca,
junto a ti.
Tu sonrisa, tu alegría, tu humor, tu amor…
Tu fortaleza, tu carácter,
tu sufrimiento, tus malos momentos…
Tu vida.
Todo me unió a ti,
“en lo malo y en lo bueno”.
Y en la espera (que nuestra vida es una espera).
Me fui contigo, te seguí,
y aquí me tienes,
contigo aún.
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domingo, 11 de abril de 2010
159. Mis playas de Cái en S.S. 2010.































