Bienvenido a este mi cuaderno de bitácora

Querido visitante: gracias por pasar por aquí y leerme.
Aquí encontrarás ligeros divertimentos y algunas confidencias personales, pocas.
A mí me sirve de entretenimiento y si a ti también te distrae, ¡estupendo!.
Si, además, dejas un comentario... ¡miel sobre hojuelas! Un abrazo,
Guarismo.

jueves, 29 de abril de 2010

162. Cachondeo global, en 400 palabras (ciento cuatro).

Insisto, no quiero hablar de política en esta bitácora... pero no puedo evitar hacerlo: el cuerpo me lo pide. Yo creo que este país o, mejor, los políticos de esta España nuestra, de nuestros amores y desvelos, han perdido el Norte, y el Sur y demás puntos cardinales. Navegamos sin rumbo cierto y la crisis ¿qué crisis? económica empieza a hundirnos severamente. Además, se hacen otras muchas tonterías y se toman decisiones absolutamente ridículas, impropias de un país serio. No tengo más remedio, por no ponerme más dramático, que titular así estas 400 palabras:

Cachondeo global

Cachondeo: 2. m. vulg. Desbarajuste, desorden, guirigay.
Global: 1. adj. Tomado en conjunto.


O sea, guirigays tomados en todo su conjunto, aunque se expresa mejor como cachondeo global.

A ver:

El gobierno de Catalunya y parte de la oposición, pidiendo que el Constitucional se declare incompetente para juzgar su Estatut.

“Indicios de que la economía mejora” Rodríguez dijo —sic— (sí: más paro, hasta 4.612.700; S&P rebaja la solvencia de España; informe negativo del FMI; crecimiento desaforado del déficit...). O “el paro toca techo y la recesión queda atrás”.

Demagogia utilizada en torno al uso del hiyab por una joven en un colegio.

Campaña contra el Supremo a cuyos jueces se les acusa de haber sido torturadores con el TOP franquista, y todo por el proceso a un juez estrella...

Búsqueda consciente y planificada de la división, otra vez, de España en dos.

Una Ley de Memoria Histórica que más parece una Ley de Revancha Histérica.

Un juez estrella dejando en la calle, por razones humanitarias, a un etarra condenado.

Un Presidente del Congreso que no explica el origen de sus múltiples bienes (¿tan difícil es si han sido legítimamente adquiridos?).

Una anunciada ley de “Igualdad de Trato” que, imagino por su nombre, será una patochada.

La Bolsa que cae día tras día.

Unos sindicatos que defienden que se pague el subsidio al parado, pero que no levantan una mano contra la destrucción de empleo.

Un ministro del Interior defendiendo como “modélica” la instrucción de un juez estrella sobre el caso Faisán, o chivatazo a ETA... cuando el caso sigue en un cajón... Claro, “modélica” para su departamento...

“Los datos están mejorando, nuestras exportaciones crecen, nuestro consumo de energía sube, nuestra... nuestra...” la Vicepresidenta segunda dixit. Fue en el Congreso y se atascó... (no me extraña, no encontraba un dato positivo más...).

Te dan una ayuda para comprarte un coche y Hacienda te quita una parte sustancial, sin advertirlo previamente.

El sondeador Ministro de Industria pretende recortar las ayudas a las energías renovables... ¿pero no era eso energía sostenible?

Panfleto xenófobo del PP en Badalona, ¿excusado después?

En el Senado se hablarán cuatro o cinco lenguas de España, cuando todos conocen la lengua común... Y el gasto, ¿qué? Tremendo disparate.

La inversión extranjera en España se evapora...

Y va el Barça y pierde...

¿Puede haber algo más? Seguro que sí. Pero no me cabe aquí.

Lo dicho, cachondeo global.

sábado, 24 de abril de 2010

161. Política, muertos, guerra civil

La política actual y la Guerra Civil

Ya dije que no me gusta escribir de política aquí, aunque alguna vez lo hice. Pero hoy no puedo callar ante esos montajes que se están organizando en torno a Garzón, llenos de mentiras e inexactitudes hábilmente tejidas. He de decir que se utiliza la excusa del juez (que, por otra parte, está acusado de prevaricación, no de defender la ley de Memoria Histórica, seamos claros) para revivir las dos Españas que antaño fuimos, lo que es una pena y una atrocidad, desde mi punto de vista.

No habría sabido expresarlo mejor que D. Joaquín Leguina, nada sospechoso de ser de derechas, pero sí de tener un gran sentido común, que, hoy, en un artículo de opinión en EL País, dice las cosas claras. Coincido plenamente con él y os recomiendo que lo leáis en este enlace (espero que lo mantengan por un tiempo):


http://www.elpais.com/articulo/opinion/Enterrar/muertos/elpepuopi/20100424elpepiopi_12/Tes

Tiene toda la razón.

lunes, 19 de abril de 2010

160. Me fui contigo.

Me fui contigo.

Me lo pediste
con tu mágica mirada
y no me resistí.

No podía.

Te seguí a donde tú fuiste.
Muy de cerca,
junto a ti.

Tu sonrisa, tu alegría, tu humor, tu amor…
Tu fortaleza, tu carácter,
tu sufrimiento, tus malos momentos…
Tu vida.
Todo me unió a ti,
“en lo malo y en lo bueno”.
Y en la espera (que nuestra vida es una espera).

Me fui contigo, te seguí,
y aquí me tienes,
contigo aún.

domingo, 11 de abril de 2010

159. Mis playas de Cái en S.S. 2010.

Fotos de mis playas de Cái en esta Semana Santa de 2010. Más rocas, más verdín, más piedras que antes por los temporales tremendos de este invierno. Pero mis playas siguen siendo maravillosas. El agua, fresquita, digna de bañarse en ella... La mar, espléndida, como siempre. En definitiva, un paraíso, como siempre.












domingo, 4 de abril de 2010

158. La estupidez supina de la DGT, en 400 palabras (ciento tres).

La estupidez supina de la DGT

Fin de Semana Santa, fin de vacaciones. Nos levantamos a las seis con intención de llegar a Madrí a la hora de comer, incluso antes, con tiempo para hacer la comida. Calculo: las siete más seis horas: la una. Una y media como mucho, parando un par de veces. Salimos de Cái a las siete y seis minutos, según lo previsto. Dudo qué ruta coger: la de la Plata y la A5 o la A4. Me gusta más la primera porque no bajas de 120 km/h, excepto en los túneles. Por la de Andalucía vas a 120, 90, 80, 60, 100, 50... un caos lleno de radares y baches hasta decir basta. Pero por la A5 llegas a Maqueda o Talavera y te paras; y no diez o quince minutos, sino una hora al menos. Finalmente, decido por la A4, que la entrada a Madrí es mejor.

Bien. A las once en punto en Despeñaperros. Carretera despejada, más o menos, para lo que era de esperar. “Cruzaremos el Paso en un santiamén”, digo... y, de pronto, la Guardia Civil de Tráfico que nos desvía al carril alternativo sin opción ninguna. 47 Kms. por un carril en sentido contrario, con curvas y cuestas, en fila india: a 90, a 70, a 50, frena, para, arranca, 60, 90, frena, para, arranca, ¡cuidado con el cono!, frena... Y, mientras, los dos carriles del sentido natural Madrid-Cádiz, vacíos. Digo bien: ¡vacíos! A 120 como poco, o más si te juegas la foto. Cabreo mayúsculo. ¡Panda de inútiles! ¿Dónde coño está el sentido común? Entiendo lo del carril alternativo, si hay atasco, claro. Pero si la carretera va vacía, ¿qué cohones hacemos yendo uno tras otro por un carril peligroso en sentido contrario, sin poder parar para hacer gasolina o pipí, tomar un café, estirar las piernas o comprar una cerámica de la zona, si la carretera va vacía? ¡Manda güevos! Los que van por su camino, descohonaos de risa. Yo, con un cabreo de tente y no te menees. He contado los minutos perdidos: treinta como pocos.

Ahí no queda todo: en La Mancha, atasco de mil pares de narices: ¡pero ahí no hay carril alternativo! Uno paga multas, impuestos, hasta el IVA que nos van a subir... y los que nos dirigen (porque este gobierno no gobierna, dirige) piensan con los pies. ¡Cohonudo! Ocho horas de viaje.

sábado, 27 de marzo de 2010

157. Así no podemos seguir, en 400 palabras (ciento dos).

—Así no podemos seguir, no me dejas espacio.
—No es cierto, te acabo de hacer un hueco.
—¿Un hueco? ¿Tú crees que necesito un hueco?
—¿Qué más quieres?
—Espacio, aire, libertad, ¿te parece poco?
—Bueno, abre la ventana. Pero, te lo advierto, hace un frío de cojones.
—Era en sentido figurado, que todo te lo tomas al pie de la letra.
—¿Al pie de la letra? Si me estás pidiendo aire, abre la ventana, ¿no?
—No te pido aire, te pido espacio.
—Me has pedido aire, pero si quieres espacio, vete a la calle. Ahí enfrente hay un parque con mucho espacio.
—No quieres entenderme.
—Sí quiero, pero a veces te pones en un plan filosófico que no hay quien te entienda.
—Vamos a ver, es muy sencillo: me acogotas, me abrumas, me controlas; ya sé que me quieres y que te sale de natural, no lo haces adrede, pero me tienes en un rincón, no me dejas espacio.
—Y dale con el espacio. Te acabo de hacer un hueco, ¿no? Así cabemos los dos en el sofá.
—No me refiero a eso.
—Entonces, ¿a qué?
—A que me dejes un poco en paz, a que me dejes vivir mi vida.
—Ya la vives. ¿Acaso te prohíbo algo?
—No.
—¿Te obligo a hacer algo?
—No.
—¿Te pido muchas cosas?
—No.
—¿Te impido hacer lo que te apetece?
—No.
—¿Entonces?
—Pues que tengo la sensación de que me ahogas...
—¿Que te ahogo? ¿Cómo?
—Con tu presencia.
—¡Ah! Quieres que me vaya, ¿no?
—No, no es eso. Es que...
—Claro, ya sé lo que pasa. Te casaste y ahora echas de menos la soltería. Te gustaría una vida sin compromisos, ¿es eso?
—No, claro que no.
—Pues explícate.
—Ya te lo he dicho, necesito aire, necesito espacio.
—Pues abre la ventana o vete al parque. Pero te advierto que hace un frío de cojones.
—Y dale, ¡joder!, no me entiendes.
—Oye, estoy pensando... tú no me quieres, ¿verdad?
—Claro que te quiero, te adoro.
—Pues no lo parece. Me has dicho que te ahogo, que te acogoto, que te abrumo y te controlo. Y yo eso no lo hago. Simplemente, te quiero.
—Sí lo haces, aunque sea inconscientemente.
—También me has dicho que no tienes libertad, y yo te la doy toda.
—Sí, es cierto, no me quejo.
—Entonces, ¿a qué viene todo esto?
—Ya te lo he dicho: necesito espacio, aire.

domingo, 21 de marzo de 2010

156. Escribir por escribir, en 400 palabras (ciento una).

Escribir por escribir

No se debe escribir por escribir, o hablar por hablar. Hay que tener algo que contar, bien sea mediante palabra escrita o verbalmente.

Pero hoy mi caso es precisamente éste: no tengo nada que contar y escribo por escribir. Ya sé que no se debe, pues, entre otras cosas, uno corre el riesgo de escribir tontunas. O el riesgo de encadenar palabras, una tras otra, que no dicen nada, absolutamente nada. El lector, si hay lector que se atreva a leer esto, se dirá, y con razón: “¡vaya tontería!” o “¡vaya ristra de palabras sin sentido!” o “¡vaya tomadura de pelo, se podía haber ahorrado escribir!”.

Algunos dicen que para hablar por hablar hay que tener cierto arte. Supongo que eso se aplica también al escribir por escribir. ¿Es la escritura un medio o un fin? Si es un medio, que lo es, sin duda, y no se comunica nada, es obvio que se ha perdido el tiempo escribiendo por escribir. Pero, veámoslo de otra forma, la escritura también puede ser un fin en sí misma. El DRAE define escritura como el arte de escribir, en su tercera acepción; como acción y efecto de escribir en su primera. Bien, lo que escribo es escritura, lo que yo no sé es si se le puede aplicar la tercera o la primera acepción. Desde luego, la primera sí, pues estoy realizando la acción. La tercera es cuestionable, no creo que tenga ningún arte lo que escribo. Es escribir por escribir, ya lo he dicho (por cierto, me gusta la repetición, si no abuso de ella).

Claro que también tiene su mérito. Plantarte con la pluma en la mano ante una hoja en blanco (hoy debería decir “con el teclado a mano y una pantalla en blanco...”) y ser capaz de escribir palabras con algún sentido no es una acción baladí. Aunque lo que tiene mérito, o debe tenerlo, es escribir algo con sentido, y no sé si lo que escribo lo tiene. El lector, si lo hay, si existe, juzgará, aunque me temo lo peor. No creo que sea indulgente; ni siquiera se lo pido: no debo ofenderlo.

Releo lo escrito y concluyo que es escritura, claro, aunque no sea en la acepción el arte de escribir. Pero a tontas y a locas, en unos minutos, he escrito sobre la escritura y he llenado estas 400 palabras, vacuas, probablemente.

domingo, 14 de marzo de 2010

155. No entiendo nada, en 400 palabras (cien).

No entiendo nada

No, no entiendo nada. El mundo está mal hecho. Es injusto. Lo es a nuestros ojos, por torpes que seamos. En esta parte del mundo en la que nos ha tocado vivir no se vive mal, no. Al menos yo no debo ni puedo quejarme. Mucho menos viendo lo que ocurre por el mundo, y vemos, seguramente, apenas una millonésima parte del sufrimiento humano. Menos, mucho menos.

No lo entiendo. “Homo homini lupus”, el hombre es un lobo para el hombre, como afirmó Plauto en el año 200 A.C. y popularizó Thomas Hobbes en el s. XVII. Así es. Hobbes también dijo que en el “estado de naturaleza” el hombre vive una guerra de todos contra todos. Tiene razón. El hombre hace daño al hombre. Y de ahí surge cualquier cosa. Más daño, por ejemplo. Seguro: más daño.

No lo entiendo, aunque es para no entenderlo. No es posible que el hombre sea tan malvado como para producir un daño tremendo a sus semejantes. Pero así es. Aquí y allí. Por todas partes. Así fue siempre y así seguirá siendo. La verdad es que se le quitan a uno las ganas de oír las noticias del día: guerras, terrorismo, muertes, secuestros, asesinatos, malos tratos, corrupción, robos, abusos… así un día y otro. No hay buenas noticias. Y cuando no es por la maldad humana, es por accidentes trágicos del hombre o su entorno, o por dramáticos fenómenos la naturaleza. Pero a la naturaleza no la podemos controlar, como tampoco podemos evitar muchos accidentes. ¿Pero seremos capaces de controlarnos a nosotros mismos y evitar guerras, terrorismo, muertes, secuestros, asesinatos, malos tratos, corrupción, robos y abusos? Parece que no. No tengo esperanza. No parece que pueda haberla.

Ya sabemos que no vivimos en el paraíso terrenal. Ya sabemos que quien más quien menos tiene sus problemas y sus sufrimientos. Pero que algunos, o muchos, muchísimos, sufran tanto, no es justo. Y no lo es, mucho menos, cuando sufren por causa del hombre. Que sea el hombre el que provoque a conciencia tanto sufrimiento, tanto mal, tanta tragedia, tanta sangre, tanta barbaridad… que la humanidad no haya superado aún la Edad Media, o la Edad de Piedra, que sigamos peleando, educando, actuando como entonces… No lo entiendo. La maldad humana es inhumana.

El hombre es así por propia naturaleza, el hombre es un lobo para el hombre. No entiendo nada.

miércoles, 10 de marzo de 2010

154. Tormentas en mis tierras de Cái.

Tremendo. El pasado sábado día 5, entre las 7 y las 11 de la mañana, llovió torrencialmente. Jamás había visto yo caer tanta agua de golpe. No llovía, jarreaba. No eran gotas de agua, sino chorros. En cuatro horas, parte de la provincia se inundó y colapsó: ríos desbordados, carreteras destrozadas, casas anegadas... buen drama para sus habitantes.


Y no fue lo peor este sábado: lo peor fue que llovía, o jarreaba, sobre mojado. Lleva así desde el 18 de diciembre, cuando empezó a llover y aún no ha parado. Va para tres meses sin sol y con agua, mucha agua.


Da pena ver mi tierra así, cierto que, a cambio, todo muy verde... pero con las playas casi sin arena, la mar sucia de barro y alborotada de temporales, los prados y caminos encharcados... mis playas sin sol, que lo ocultan las nubes negras que vienen, chorrean y desaparecen hasta que llegan otras casi de inmediato.


Os dejo unas imágenes de muestra.


Río desbordado. Lo que se ve entre las vallas de madera es una carretera.



El mismo río desbordado desde otra perspectiva, inundando una calle.


Las olas, con el barro que arrastró la lluvia a la mar


Esto antes era una cala con arena


La tormenta que se acerca desde alta mar


Antes era arena limpia y lisa, sin piedras...


...ni canales (o escalones)

lunes, 8 de marzo de 2010

153. ¿Qué hacemos?, en 400 palabras (noventa y nueve).

—¿Qué hacemos?
—Lo que quieras.
—Prefiero que decidas tú. Sorpréndeme.
—Sí... Te puedo sorprender, pero quizá no te guste.
—Pues prueba.
—No creo que lo aceptes.
—Bueno, inténtalo.
—Bien. ¿Nos vamos a la cama?
—¿Qué dices? Si son las cinco de la tarde.
—No hay mejor hora.
—No hay mejor hora para qué.
—Pues para irnos a la cama.
—A hacer qué.
—¿Tú que crees?
—Pues... no sé. ¿A dormir la siesta?
—Sí, claro, o a jugar al parchís. Vamos a ver: ¿qué se puede hacer en la cama a las cinco de la tarde?
—Pues... mira, no caigo. Dímelo tú.
—No te apetece, ¿no?
—No me apetece qué.
—Que vayamos a la cama.
—Yo no he dicho que no me apetezca. He preguntado que para qué.
—¿Tengo que decirlo explícitamente?
—No hace falta, si no quieres. Pero si no me lo dices, no sé qué vamos a hacer.
—¿Me estás tomando el pelo?
—No. Simplemente quiero saber lo que quieres hacer en la cama.
—Bueno, veamos, estudiemos las posibilidades: estamos solos en casa, los niños no llegan hasta esta noche, hace una primavera fantástica, la temperatura es ideal, nos queremos, la música que has puesto es deliciosa e invita a...
—¿A qué?
—¿A qué crees?
—Dímelo tú.
—Pues invita a irnos a la cama. Cerramos la persiana y encendemos unas velas...
—Sí, no es mala idea. Es muy romántico. ¿Y luego?
—Pero qué torpe eres... ¿Tengo que decirlo todo?
—Me has llamado torpe.
—Sí, pero no era mi intención; es una forma de hablar.
—Pero me has insultado.
—Ya te he dicho que no quise decirlo. Perdona.
—Pero me has insultado.
—Bueno, sí, es cierto, te he insultado. Pero de forma cariñosa, ¿no?
—Pues me ha parecido que no.
—Mira, te llamé torpe porque no entiendes. Aunque yo creo que sí lo entiendes, pero no quieres hacerlo.
—No quiero hacer qué.
—¡Joder...! Pues lo que se hace en la cama.
—¿Dormir?
—Se hacen otras cosas, ¿no crees?
—Pues no lo tengo claro.
—Me estás exasperando.
—Te alteras por nada.
—¿Cómo no me voy a alterar? Llevo quince minutos tratando de convencerte.
—Pues no lo has conseguido, ya ves.
—O sea que no quieres.
—Sí, sí quiero, torpe, que eres más torpe...
—¿Torpe yo?
—Sí, no aguantas una broma.
—¿Una broma?
—Sí.
—Vaya, con que ésas tenemos, ¿eh? Pues ahora soy yo quien no quiere. Ya no tengo ni ganas...

sábado, 27 de febrero de 2010

152. Me fui con lo puesto, en 400 palabras (noventa y ocho).

Me fui con lo puesto

Me fui con lo puesto. Nada más. Salí a comprar tabaco y... no he vuelto. Estoy harto. Harto del trabajo, de la casa, de los amigos, del perro, harto de la vida que llevo. Así que salí con lo puesto y no he vuelto.

No sé adónde ir, qué voy a hacer, cómo voy a vivir, dónde pasaré la noche ni en qué ocuparé mi tiempo durante los próximos días. No sé nada de lo que pasará a continuación. Per sí sé que no volveré al trabajo, que estoy harto de mis clientes, que me dan de comer con los proyectos que nos contratan, sí, pero que son una panda de desgarramantas, abusones, chantajistas, exigentes y prepotentes, además de ignorantes y estúpidos; de mis colaboradores, que no hacen otra cosa que plantearme problemas y no solucionar ninguno; de mi secretaria, estupenda pero estúpida; de algunos técnicos, listos pero soberbios; de mi jefe, simplón, dictador, vago, incompetente, inútil, inepto, egoísta, tacaño, avaro... pero dueño de la empresa; de mis proveedores, que me engañan como a un chino, mienten como bellacos.

También estoy harto de mi casa. Mi mujer no me engaña, pero siempre le duele la cabeza; mis hijos no me hacen maldito caso, y me han perdido el respeto. En casa no mando nada, ni siquiera se tienen en cuenta mis opiniones y me ignoran. Si pido un beso, a lo sumo me ponen la cara... y con mala cara; si pido explicaciones, me dan la callada por respuesta; si sugiero algo —ya no me atrevo a ordenar— me toman por el pito del sereno y se ríen abiertamente de mí. Y no digamos de mis suegros, que me desprecian; ni de mis cuñados, que me ignoran.

De los amigos... bueno, también estoy harto. Son buenos amigos, pero se olvidan de mí cuando hay algo importante, o sea, que les paso desapercibido. Y dicen que sí, que me aprecian, que soy buen tío aunque no sepa jugar al mus, pero se olvidan de mí.

Del perro, estoy hasta las narices. Sólo me ladra a mí cuando intento acariciarlo.

De mi vida, bueno, no tendría que quejarme: tengo trabajo, con buen sueldo, tengo familia, tengo amigos, tengo perro. Pero estoy harto de todos.

Y yo creo que soy buena persona. Quizá, no.

Hoy he dado un portazo y me he ido a comprar tabaco. No volveré.

domingo, 21 de febrero de 2010

151. Grandioso partido de squash, en 400 palabras (noventa y siete).

Grandioso partido de squash

¡Ah, el squash! Hoy he jugado un gran partido. He levantado un 2-0, ganando finalmente por 3-2. Ha sido genial.

Antaño se jugaba cada set a 15: punto ganado puntuaba. Luego se cambió a 9: punto ganado se ganaba el saque, o puntuaba si se había sacado. Ahora se juega a 11, con punto ganado, punto anotado. Yo creo que se ha hecho así para que el juego sea más corto y en una hora se puedan jugar hasta 5 sets. A mí me gustaba más cuando era a 15 tantos; pero ahora es así.

El hecho es que hoy hice un gran partido, jugando a 11. Empecé perdiendo por 11-7 y 11-9, luego gané por 11-3 y 15-13 (si se empata a once se ha de ganar por 2 de diferencia). El 11-3 fue fácil: el contrario se confió, dando por hecho el 3-0 y lo dominé sin problemas. En estos deportes de la bolita no hay nada como confiarse y dormirse en los laureles: el otro se crece y gana, no hay solución. El 15-13 fue más duro: mi contrario luchó hasta la extenuación; dejada, pared, fondo... empatamos a 11: sacaba él y le resté profundo y con fuerza, de manera que falló; 12-11; volví a sacar, me restó, ataqué y me dejó la bola muerta en una espléndida dejada. 12 iguales; sacó él y resté mal: 12-13; me concentré y resté a sus pies:13 iguales; saqué yo y se produjo una jugada larga, una de las delicias del juego: varias paralelas de revés, una cruzada, que devuelvo bien, una dejada, que me devuelve con otra, llego y machaco: 14-13; saco y resta fuerte, la coloco paralela y me responde; tiro a la pared lateral, dejándolo desconcertado y sin llegar a la bola: 15-13.

2-2: jugamos el set definitivo. Antes, descansamos unos segundos para recuperara el resuello. Yo estoy lanzado y mi contrario receloso y algo frustrado: contaba con el 3-0. Saco yo: 1-0; vuelvo a sacar: 1-1 tras un espléndido resto. Llegamos al 9 iguales, asfixiados y sin apenas fuerzas. Mi moral, alta, aunque con tremendas dudas: he ido siempre por delante y me ha igualado en sucesivas jugadas. Saca él y me la juego con una dejada cruzada, a la que no llega: 10-9; ahora tiene miedo él. Saco con el mejor saque del partido y él falla: 11-9. ¡Bien! Partido resuelto.

viernes, 12 de febrero de 2010

150. He de alimentar esta bitácora, en 400 palabras (noventa y seis).

He de alimentar esta bitácora

Sí, he de alimentar esta bitácora con algo, con 400 palabras quizá; para no perder la costumbre. Mis lectores (de los que tengo la impresión de que cada vez son menos) me acusarán, y con razón, de que lo que escribo es vacuo. No lo niego. En este momento estoy tratando de escribir algo con el simple y único objetivo de crear una entrada más en esta mi bitácora. No os engaño: si me leéis, sabed que hoy escribo por el puro placer de escribir y, sobre todo, por cumplir con mi compromiso. Compromiso que, inicialmente, fue conmigo mismo y, más tarde, fue tácito con mis lectores; compromiso que consiste en publicar una nueva entrada cada semana, más o menos. Llevo ya 150 y lo he cumplido casi escrupulosamente.

Cierto que no siempre de forma acertada, pero he cumplido y es mi intención seguir haciéndolo, aunque sea con vacuidades. Siempre me gustó cumplir con mis compromisos, obligarme y ser fiel. Aunque diciendo esto, algún día tenga que tragarme estas palabras, quizás...; la imaginación se agota y la vida da muchas vueltas... Por si acaso, pido humildemente perdón por adelantado pero, hoy por hoy, mantengo mi compromiso.

Decía antes que mis lectores son cada vez menos. Desde luego hay menos comentarios, aunque mis estadísticas indican cierta regularidad, con altibajos, en torno a las 100 visitas semanales. Es poquísimo, ya lo sé, pero para mí es suficiente. Nunca pensé llegar a tantas. Pero es cierto que algunos lectores me han abandonado, aparentemente, pues no se les ve por aquí y, además, han cerrado sus blogs. Por ejemplo, Berrendita, a la que debo esta bitácora, o Marina, una deliciosa niña con un delicioso blog. O Kambalache, Ana, Mara o Fusa (bueno, Fusa desapareció unos instantes pero sigue, afortunadamente, con un cambio de look). Ellas eran, lo digo por sus comentarios, asiduas a estas letras. Pero, a fuer de ser sincero, diré que echo más de menos sus bitácoras que sus comentarios en la mía. Son dignas de leer semanalmente, estupendamente escritas, ocurrentes, sinceras, atractivas, enriquecedoras...


Otras, afortunadamente, siguen, como Bicho, Noelia, Minisuina y Estrella de Mar.

¡Bien!, Berrendita ha vuelto. ¡Qué gozada!


Habré de descubrir nuevos blogs que leer y con cuyos autores relacionarme. Aunque eso tiene el peligro de la dispersión y el riesgo de entretenerme demasiado y no avanzar en mis novelas. ¡Es, ciertamente, más cómodo!