Bienvenido a este mi cuaderno de bitácora

Querido visitante: gracias por pasar por aquí y leerme.
Aquí encontrarás ligeros divertimentos y algunas confidencias personales, pocas.
A mí me sirve de entretenimiento y si a ti también te distrae, ¡estupendo!.
Si, además, dejas un comentario... ¡miel sobre hojuelas! Un abrazo,
Guarismo.

sábado, 30 de mayo de 2009

112. Un desastre, en 400 palabras (setenta y tres).

Un desastre

—Ya sé que soy un desastre, pero no me lo repitas.
—No eres un desastre. Bueno, sí, en algunas cosas sí, pero en otras eres un campeón.
—No, no lo soy, soy un desastre. Me lo has dicho.
—También te he dicho que eres un campeón, ¿no me has oído?
—Sí te he oído, pero me lo dices por compromiso.
—No, te lo digo en serio. En unas cosas, la mayoría, eres estupendo.
—Y en otras un desastre.
—Sí, pero en cosas sin importancia.
—En cosas sin importancia, ¿soy un desastre o un campeón?
—En algunas, un desastre.
—¿Y en las importantes?
—Muy bueno.
—¿Como cuáles?
—No sé… en tu trabajo.
—¿Tú crees?
—Sí.
—¿Por qué, si nunca has trabajado conmigo?
—Pero lo sé.
—¿Porque nunca me han despedido?
—Sí, por ejemplo.
—Pues, mira, no es cierto. Una vez me despidieron.
—¡Ah, sí! Lo había olvidado. Pero fueron circunstancias especiales.
—Pero me despidieron.
—Sí.
—Luego no debo ser tan bueno, ¿no?
—No es eso, es que entonces pasaste una crisis…
—Y me despidieron.
—Sí, pero…
—No hay peros. ¿Ves como soy un desastre?
—No, no lo eres.
—Antes has dicho que sí.
—Pero en cosas sin importancia, ya te lo dije.
—¿Por ejemplo?
—No sé, a veces te despistas y no haces las cosas bien.
—¿Qué cosas?
—Pues… no sé.
—Alguna habrá, porque me has dicho que soy un desastre.
—Te lo diría exagerando.
—No, no exagerabas.
—Bueno, te lo dije porque te olvidaste de sacar las cosas del lavavajillas, pero eso no tiene importancia. Lo hice yo.
—¿Y por qué lo hiciste tú? Tenías que habérmelo dicho y lo hubiera hecho yo. Me tocaba a mí.
—Pues no te lo dije para no discutir, como ahora.
—No estamos discutiendo. Si a mí me toca sacar el lavaplatos, lo tengo que hacer. Y si me olvido porque soy un desastre, me lo dices y lo hago.
—No quería molestarte.
—No me habrías molestado.
—Tú estabas haciendo cosas y no quise interrumpirte. Además, habríamos discutido, como ahora.
—Ahora no estamos discutiendo. Estamos hablando. Pero te digo que, si me tocaba a mí, tenías que habérmelo dicho.
—Pues decidí no hacerlo. ¿vale?
—Vale, pero luego me dices que soy un desastre.
—Sí, te lo he dicho, pero no me tomes en serio.
—¿Qué no? ¿Y cómo crees que me siento?
—No lo sé.
—Como un desastre.
—No es para tanto.

viernes, 22 de mayo de 2009

111. 40 Haikus (cinco), en 400 palabras (setenta y dos).

Más haikus sobre la mujer, amores y desamores

 

Te miré y vi

tus ojos relumbrantes;

me cautivaron.

 

Me enamoré

de ti cuando te miré.

Así hasta hoy.

 

Ojos castaños

que brillan cuando miran

y me poseen.

 

Negra mirada

la tuya; nubarrones

bajo el cielo.

 

Bellas lágrimas

que con tu alegría

derramas, dulces.

 

Mujer querida,

mujer sabia y bella,

mujer ansiada.

 

No me insultes,

que sólo te anuncié

que te dejaba.

 

El amor pleno

llega tras los años

de amor fiero.

 

Amores tengo,

amores que enamoran

todos los días.

 

Dicen que tengo

la suerte de los tontos

por conocerte.

 

No te olvido;

aunque tú me dejaste,

yo te quiero.

 

¡Qué cansado es

insistir siempre en la

misma historia!

 

Déjame en paz,

no me quieras tanto, que

me harto de ti.

 

Quiero amarte

como antaño: pasión,

fuego, tormenta.

 

Te amo como

tú a mí, con el amor

sereno, pleno.

 

No te quiero, no;

me cansé de ti cuando

me engañaste.

 

No me olvides,

que me duele el alma

de tanto sufrir.

 

Es ya muy tarde,

no me vengas con cuentos,

que ya está bien.

 

No me digas que

te duele la cabeza,

que no te creo.

 

Este desamor

que me tienes se hará

odio en breve.

 

No concibo el

amor sin desencuentros.

¡Qué aburrido!

 

Qué será será

esa fuerza interna

que me trastorna.

 

El amor no es

cosa vana, salvo

que seas tonto.

 

La soledad

es al amor como la

sombra a la luz.

 

¡Qué tonto fui que

te dejé escapar por

entre las rejas!

 

No me mires con

tus bellos ojos, que me

enorgulleces.

 

Bésame con tus

dulces labios, que tan bien

están tallados.

 

Ponte el traje

que te regalé. Estás

preciosa con él.

 

Llora tus penas,

grítalas, extráñalas

sobre mi hombro.

 

Constato que

no me quieres. Me odias

profundamente. 

 

Quisiera vivir

enamorado siempre

de esta mujer.

 

Vivimos los dos

pendientes el uno del

otro. Así es.

 

No sé cómo ni

por qué nos conocimos,

pero así fue.

 

No sé si podré

amarte más de lo que

te he amado.

 

Sé que cuando tú

quieras, lo nuestro será

historia vieja.

 

Dependo de ti

hasta para respirar.

Dame tu aire.

 

Vente conmigo,

deja a la otra y

ámame a mí.

 

Con  mucho amor

me acerqué a ti y

tú me amaste.

 

No olvidaré

que un día dijiste:

“te olvidaré”.

 

No me lo digas,

que ya lo sé; me odias

tanto como yo.

 

domingo, 17 de mayo de 2009

110. Olas.

Sol. Mar. Sal. Brisa de Poniente. Arena rubia. Agua fresca, aguas límpidas. Gaviotas. Baño. Rocas. Olas. Las playas de mi Cái. El paraíso.























jueves, 14 de mayo de 2009

109. La política, en 400 palabras (setenta y una).

La política

Fui con ilusión a las primeras elecciones democráticas. Desde entonces he votado en todas y no recuerdo haberme abstenido; en una, voté en blanco.

En treinta años de democracia hemos tenido políticos de todo pelo. Buenos y malos, capaces e incapaces, listos y menos listos, entregados y egoístas, honrados y ladrones.

Respeto nuestra constitución, entre otras cosas porque voté sí. Sobre ella se ha basado el progreso de esta España que, sin duda, no es la que era. Superamos cuarenta años de dictadura sin derramar una gota de sangre, salvo las derramadas por tantas víctimas de tanto cobarde asesino, por tanto sinsentido criminal de bandas terroristas. Sobrevive la sinrazón de los descerebrados etarras, desgraciadamente, que siguen empecinados en sus planteamientos sin sustento alguno, en fines aberrantes con medios monstruosos.

Y sobrevive en nuestras mentes el trágico y terrible atentado de Madrid.

Sufrimos un intento de golpe de estado, una pantomima que parece hoy típica de la España cañí, no de la España de finales del siglo XX. Y lo superamos. Como superamos varias crisis económicas y situaciones dramáticas de paro.

Hemos tenido políticos, a lo largo de estos treinta años de democracia, de todo pelo, decía. Pero ¿como los de hoy? Gobierno y oposición, nacionalistas… ¿se salva alguien? No destaca ninguno… Son una caterva de mediocres cuyo único fin, parece, es situarse en el poder, apoderarse del sillón. Nadie aporta soluciones. Nadie se toma la situación en serio. Todo consiste en desprestigiar al contrario. Nadie es constructivo.

Los que gobiernan no gobiernan con acierto —en mi opinión, claro—, los que se oponen andan a la greña y se oponen poco. Los nacionalistas, pueblerinos, andan a lo suyo, sacando partido sustancioso de sus apoyos desleales.

La crisis, galopante, a la que no se le ve solución ni fin, ahogando empresas y autónomos, dejando a trabajadores sin trabajo por cientos de miles y dejando el consumo en mínimos históricos y la morosidad en máximos. Se toman medidas ineficaces y que nos cuestan una barbaridad.

Tenemos unos políticos que España no se merece. Los españoles hemos votados a unos y a otros, pero creo que no pocos nos arrepentimos. No están a la altura. No son competentes. No nos toman en serio. Sólo el poder importa… y tenemos la prueba en las campañas electorales. Palabras, muchas palabras. Promesas, muchas promesas. Hechos, pocos.

Es la triste y recurrente historia de España.

viernes, 8 de mayo de 2009

108. Déjame en paz, en 400 palabras (setenta).

Déjame en paz

—Déjame en paz, estoy intentando escribir.
—Sí, claro, así llevas un año, o más, y sólo has escrito unas páginas.
—Pero ahora lo estoy intentando.
—Pero no lo consigues.
—No. Sobre todo si no me dejas en paz.
—Yo te dejo en paz, pero tú no te concentras.
—No me concentro porque tú no me dejas. Me distraes con pensamientos estúpidos y sin sentido.
—No es cierto. Yo soy la primera interesada en que escribas y lo hagas bien.
—Me exiges algo que luego me impides, dispersándome la mente todo lo que puedes. No me ayudas.
—Sí te ayudo, aunque no lo creas. Tienes tres obras abiertas y estoy intentando convencerte de que te decidas por una y la acabes.
—¡Vaya! Lo que me faltaba por oír. O sea, que eres tú la que me dices que me centre en una, ¿no? ¿En cuál?
—Yo no te dicto cuál, sólo te preparo tus neuronas para que decidas.
—¡Eres falsa! Me tiendes trampas y lo que consigues es que no decida nunca.
—Yo no, será tu pereza. Yo te preparo el camino. Llevo más de un año insistiendo, remordiéndote. Puede más tu voluntad, que casi no existe.
—La culpa es tuya. Si tan poderosa eres, podrías domeñar mi voluntad. Tú puedes.
—No puedo. Yo no domino tu voluntad, eso es cosa tuya. Todo lo que puedo hacer es susurrarte el camino, despertar tu interés, alertarte de que así no vas a ninguna parte, recordarte que existo y que debes tenerme en cuenta. Pero me ignoras.
—No te ignoro. Eres una carga. Cuando he decidido algo, por ejemplo continuar con “El número 29”, el cuento, me recuerdas que aún no terminé “Viento Norte” y que tengo lectores esperando. Entonces cambio la decisión y a ti se te ocurre que debo pensar en el argumento de “Los secretos de Nadia”, que aún no tengo claro.
—Mi obligación es recordarte lo que tienes pendiente. Si decides algo, te advierto que dejas otras cosas para que decidas teniendo todos los datos a tu alcance.
—Ya. Entonces me armas un lío tremendo y consigues que no decida nada. Me creas problemas existenciales que no existen. Son pura invención tuya. Así que voy a tomar una decisión.
—¿Cuál?
—Ignorarte.
—No podrás. Yo soy tú mismo.
—Eres sólo una parte de mí.
—Indivisible.
—Ya veremos.
—Te recuerdo que tienes que escribir.
—¡Joder! Ya lo sé.

domingo, 3 de mayo de 2009

107. Tristeza, en 400 palabras (sesenta y nueve).

Estas cuatrocientas palabras las escribí hace ya tiempo. No vienen a cuento hoy, pero ahí las dejo porque, entonces, las escribí.

Tristeza

A veces (nos sucede a todos, supongo), uno está triste. ¿Por qué? Es difícil de explicar.

No hay razón aparente. Analizo el día, el fin de semana, y no hay razón alguna. Si acaso, un par de pequeñas discusiones. Y quizás objetivos no cumplidos, cierto que tampoco planteados. No para este fin de semana. Sé que debo concentrarme en escribir lo que ya inicié. Pero siempre encuentro una excusa para evitar concentrarme. ¿O es que no me concentro y por eso me excuso con fáciles excusas?

Todo va bien. No hay problemas. Todo más o menos controlado y ningún aspecto candente de mi vida. Ni familiar ni profesional. Quizás, algo de pereza en el trabajo, pero nada especial.

Me dicen que me he vuelto gruñón. Yo lo niego, pero es posible. Nunca fui persona amable, ni alegre, sino más bien brusca, taciturna, y ahora no cambiaré, supongo. Tuve un punto de inflexión cuando por fin superé aquella fase depresiva que tanto me marcó. Mi personalidad cambió, suavizándose un tanto. Quizás he vuelto a las andadas.

Me entristece algo que no controlo. Es algo en mi interior que no razono. Es una sinrazón que no sé explicarme. Se me encoje el alma y me quedo inactivo. Busco cobijo en la autocompasión, buscando cosas que creo me suceden pero que no me ocurren. Siento pena dentro y no sé por qué.

No, no es la depresión; la conozco bien y ahora no la identifico, no es la depresión que ya pasé. ¿Será sentido de culpa por no haber hecho mejor lo que debía? Es posible. Aunque tampoco lo reconozco, es posible que vayan por ahí los tiros.

Es tristeza, simplemente. Supongo que uno tiene derecho a estar triste, pero es un derecho absurdo, un absurdo en sí mismo. ¿Estoy triste para mí? ¿Acaso me regodeo en mi tristeza? Quizá.

Hay otro factor que me cuesta reconocer y que ignoro: los años. Con los años se pierden cosas que uno echa de menos y a mí me cuesta aceptarlo. Con los años se pierden cosas y hay personas de tu entorno que se van para siempre, es ley de vida. ¿Tendrá en ello su origen mi tristeza? No lo sé. Yo sigo presumiendo de joven —y lo soy—, pero los años pasan y pesan.

Sospecho que alguna de mis neuronas no entiende nada y amarga la existencia a sus neuronas colegas.

viernes, 24 de abril de 2009

106. El tiempo, en 400 palabras (sesenta y ocho).

El tiempo

—¿Qué tiempo hace ahí fuera?
—No lo sé. ¿Por qué no miras por la ventana?
—Pensé que lo habías hecho tú, por eso te preguntaba.
—Sí, me he asomado, pero no me fijé.
—No entiendo. ¿Qué mirabas? Te habrás dado cuenta de si llovía o nevaba, digo yo.
—Ya te dije que no me he fijado. Asómate tú.
—Claro, lo haré, pero podías haberte dado cuenta. ¿Qué mirabas?
—Pues la calle. ¿Puedo?
—Por supuesto que puedes.
—¿Entonces?
—Pues que podrías haber visto si hace sol, si nieva, si llueve, si está nublado.
—¿Y para qué quieres saberlo?
—Me gusta saber el tiempo que hace.
—Pues sal a la calle y lo sabrás.
—Ya. Pero, si no sé que tiempo hace, ¿qué me pongo? ¿Abrigo y bufanda, o bajo en pantalón corto?
—Bueno estamos casi en primavera, no creo que tengas que ser tan extremista. Ni una cosa ni otra. Supongo que con un jersey te basta.
—¿Y cómo lo sabes si no sabes qué tiempo hace?
—Bueno, lo supongo.
—Ya, pero con este tiempo tan cambiante no te puedes fiar. Hace un par de semanas hizo un tiempo de verano y anteayer casi nieva.
—Ponte lo que quieras, sal a la calle y luego subes a cambiarte si pasas frío o calor, depende de cómo vayas. O asómate primero a la ventana, que es lo más sensato.
—Pero tú ya te has asomado y no sabes qué tiempo hace.
—Ya te dije que no me fijé. Además, en estos momentos me importa poco el tiempo que hace. No pienso salir.
—Yo sí, por eso te pregunté.
—¿Y adónde vas?
—Depende del tiempo.
—¿Qué tiene que ver el tiempo? Si quieres salir es que quieres ir a algún sitio.
—No, no es así. Mira, si hace sol y buena temperatura me apetece dar un paseo.
—¿Y si no?
—Pues si llueve, me iría a tomar un café al bar de la esquina.
—¿Y si nieva?
—Entonces me abrigaría bien, me pondría las botas y también daría un paseo. Me gusta la nieve.
—Pues no sé qué decirte. Asómate a la ventana y lo ves.
—¡Pero si ya lo has hecho tú y no lo sabes!
—Pero yo tenía otro objetivo y no me he fijado en el tiempo.
—¿En qué te fijaste entonces?
—En la calle, ya te lo dije.
—¿Y cómo está la calle?
—Y yo qué sé.

domingo, 19 de abril de 2009

105. Quisiera enamorarte...

Quisiera enamorarte de nuevo,
como antaño,
con fuego.

Quisiera quererte como te quise,
como antaño,
con toda mi pasión.

Cuando tu cuerpo olía a volcán
y el mío entraba en erupción.

Cuando no había en ningún sitio nada más que tú.
Cuando mis ojos eran los tuyos
y tu boca era mi boca.

Quisiera repetir mi vida contigo.
Quisiera amarte como te amé
y sentir que me amas como me amaste.

Hoy te quiero con ese amor maduro que llega con los años.
Te siento cerca.
Intuyo que me sientes cerca, que me quieres…
que me quieres con ese amor maduro que llega con los años.

Hoy tus ojos y mis ojos miran al mismo sitio
y tu boca y la mía hablan las mismas palabras.

La vida ya no nos pertenece.
Y por eso deberíamos reinventarla
y volver a la pasión,
al amor que quema, al amor que duele,
al amor que huele a sal,
al amor que enamora,
al amor que sabe a mar,
al amor que añoro.

Pero te amo.

domingo, 12 de abril de 2009

104. Más olas de mis playas de Cái.

Con vientos de Poniente y de Levante, mis playas de Cái estuvieron agitadas esta Semana Santa. Aún así disfruté del sol, de la sal, de la mar agitada, de sus olas... y me bañé en las aguas frescas de mis playas. Hubo nubes y hasta llovió un día, justo a la hora de la recogida del Nazareno en La Isla, que me perdí porque la adelantaron. Lástima.

No podían faltar en esta mi bitácora unas cuantas olas. Ahí van.











Y un vídeo de mis olas...

sábado, 4 de abril de 2009

103. El imperdible perdido, en 400 palabras (sesenta y siete).

El imperdible perdido

Esta mañana, camino del club donde juego mi partido de squash de los sábados, me he encontrado un imperdible perdido en la acera. “No es posible”, me he dicho, “un imperdible no se puede perder”.

Recuerdo que cuando descubrí, de niño, el artilugio y la palabra que le da nombre le pregunté a mi padre por qué se llamaba así. “Es porque nunca se pierde”, me contestó muy convencido mi padre, y yo le creí. “Claro, qué tonto, si se llama así es porque nunca se pierde”, pensé yo.

Hoy he encontrado un imperdible perdido, aunque, bien pensado, si lo he encontrado es que ya no está perdido, porque un imperdible nunca se pierde. Lo fui a coger pero lo pensé mejor. Sé dónde está y por lo tanto no está perdido, como debe ser, porque es imposible que un imperdible se pierda. Estoy seguro de que quien lo dejó allí no lo perdió, sino que lo depositó cuidadosamente en la acera sabiendo dónde lo dejaba. Es lógico. No se podía perder. Sería una grave contradicción perder un imperdible. Aunque puede que sí, puede que se le cayera a alguien y lo perdiera, no lo sé. Si es así, ese alguien estará como loco preguntándose qué pasó con el imperdible que se le perdió. Pensará como yo, que no es posible, que un imperdible no se puede perder. Y tiene razón, el imperdible no está perdido, porque yo lo encontré y sé dónde está. Lo que ocurre es que ese alguien no lo sabe y tiene un serio conflicto que seguramente le está volviendo loco. Me gustaría conocer a ese alguien y poder decirle que el imperdible no está perdido, que yo lo he visto; le resolvería ese conflicto mental que seguro está sufriendo. Se pueden perder unas llaves, un lápiz, la cartera, el reloj, unos pendientes, las gafas, hasta el coche en un gran aparcamiento, se puede perder la cabeza, pero un imperdible, nunca. Ese artilugio se llama, y es, imperdible, por lo que nunca se pede perder. De hecho, no está perdido, pues yo lo he visto y sé dónde está. Otra cosa es que quien crea que lo perdió lo ande buscando como loco pensando que se ha perdido, pero no se ha perdido, es imperdible. Yo lo he encontrado. Lo que no sé es si estaba perdido hasta que lo encontré. Tremenda duda.

domingo, 29 de marzo de 2009

102. Haikus (cuatro) en 400 palabras (sesenta y seis).

Los haikus son esto:

Haikus: tres versos
que tienen cinco, siete,
cinco sílabas.

Y si me autorizo la sinalefa, los puedo definir así:

Haikus son versos
hechos de cinco, siete y
cinco sílabas.

He escrito otros 43 y también en 400 palabras. Mi obsesión, mi fijación por las 400 palabras, debe ser algo enfermiza, quizá. Me quita libertad, pero me disciplina. De algo valdrá. Cuesta ajustarlas, más en versos, más si son de 5, 7 y 5 sílabas. Pero me divierte. Creo que sólo en uno me permito la sinalefa, los demás son de métrica precisa.

Los siguientes 43 haikus son también monotema. En esta ocasión sobre la mujer y en 400 palabras. Ahí van.


43 haikus sobre la mujer

El sol deslumbra,
pero no tanto como
tus bellos ojos.

Senos pequeños
que muestran tu belleza,
tu armonía.

Tu perfil griego
de nariz perfecta y
frente despejada.

Soñé contigo
cuando tú me soñabas;
soñamos juntos.

Tus ojos verdes,
más profundos que la mar,
me vuelven loco.

Tu cara bella,
tu cuerpo grácil, ágil,
juventud plena.

Tus labios rojos,
tu mirada profunda,
me enamoran.

Te conocí y
me dije: eres para
mí, y así fue.

Tus bellas piernas
sostienen bello cuerpo,
así eres tú.

Dulce mirada,
dulces ojos, sonrisa
dulce y bella.

¡Qué bonitos son
tus labios cuando ríes
desenfadada!

Tu amor es al
mío como el cielo
es a la tierra.

Me gustas, mujer,
quiero estar contigo
para siempre.

Adoro, niña,
tu cara preciosa y
tus bellos ojos.

Quédate aquí,
conmigo, a mi lado,
eternamente.

Rosa que te doy,
beso que me regalas,
feliz que somos.

Te añoro más
cuando más cerca estoy
y no te beso.

Echo de menos
tu piel suave, morena,
y tan lejana.

Un beso, dos, tres,
cuatro, cinco, seis, siete,
ocho y nueve.

¿Me querrás si te
digo que me hechizas
con tu corazón?

Me enamoré
de ti como un tonto,
como lo que soy.

Besos, abrazos,
miradas y caricias,
sólo contigo.

Te fui fiel, aunque
tú me engañaras con
el jardinero.

Te amé siempre,
aun en momentos duros,
¿todo para qué?

Tienes derecho
a dejarme, si quieres.
Te esperaré.

Bella la danza
que esboza tu cuerpo
al desnudarte.

Desnuda mujer,
acércame tu calor
que siento frío.

Vi con asombro
tu cuerpo desnudo
y lo disfruté.

Ven a la cama,
acuéstate conmigo
y hazme feliz.

A tu alcoba
fui y compartí tu cama,
tímidamente.

Noches salvajes,
amores imposibles
en sueños rotos.

Niña bonita
que todo lo consigues,
pero a mí, no.

Extraña mujer
que me miras con odio,
no me insultes.

Niña soberbia,
carácter tempestuoso,
no te soporto.

La música de
tu voz suena como vals,
¡quién lo bailara!

Mujer gordita,
rellenita y redonda,
me hundo en ti.

Abre tu alma
que mi alma desea
entrar en ella.

Tu vientre llano
parte de tus montañas
de piel tostada…

…y desciende al
bello bosque dorado
entre tus muslos.

Ven, niña, ven y
mírame a los ojos,
que te adoran.

Lecho que dejas
helado cuando te vas,
sábanas frías.

Lágrimas tristes
que caen de tu rostro
siempre que lloras.

Mírame, mujer,
que quiero adorarte
mientras te miro.

© 2009. El autor de esta bitácora.

martes, 24 de marzo de 2009

101. Haikus (tres).

Me ha dado por los haikus. Son divertidos. Mi amigo Alejandro me los sugirió y le hice caso, aunque no sé si fue en mala hora. Me han gustado y me temo que inundaré de haikus esta bitácora. Lo haré por temas (siempre quedará un "varios"). Hoy va de haikus sobre los haikus y otra serie sobre las estaciones.

Haikus sobre los haikus

Dijo mi amigo:
“prueba los haikus, prueba”.
¡Qué mal amigo!

Cinco sílabas
dicen muy poca cosa
o más bien nada.

Siete sílabas
son muy pocas para
escribir algo.

Cinco, siete y
cinco sílabas pueden
ser suficientes…

…para ecribir
alguna cosa bella,
pero no siempre.

Haiku adictivo,
¿por qué empecé con el
primero? Malo.

Haiku perverso,
que me has enganchado
entre tus redes.

Haiku insulso,
quiero embellecerte…
y no lo logro.

Qué gilipollez
unos versos en haikus,
cosa baladí.

Versos en haikus:
creatividad, arte
e imaginación.

¿En qué quedamos?
¿Son buenos o son malos?
Son
comme ci comme ça.

Haikus en falso,
¿es verdad lo que dicen
o es mentira?

Malditos haikus,
me absorben el seso,
me obsesionan.

¿Quién lo parió?
Japoneses del siglo
octavo. ¡Vaya!

Trece siglos más
tarde aún sobreviven,
¿Pero qué tendrán?

Apuntan que los
haikus no se puntúan,
mas lo míos, sí.

Escribo haikus
con signos de puntuación.
¿Es lo correcto?

Benedetti no
lo hace. ¿Será así?
Yo no lo dudo.

Si Benedetti
dice haikú, yo digo
haiku. ¿Qué será?

Cinco da para
poco; siete para más;
diecisiete, más.

Tres versos para
expresar algo bello,
tres versos cortos…

…que suenan como
música breve, como
preciosos sones.


Haikus sobre las estaciones

La primavera
llega tras el invierno,
tan deseada.

No es verano,
aún es primavera,
¡qué maravilla!

Tras el verano,
el otoño lúgubre,
lleno de nubes.

Tras el otoño,
el invierno oscuro,
frío y triste.

Primavera y
verano, él tras ella,
como debe ser.

En primavera
amo, en verano no,
que hace calor.

Me enamoro
cuando las hojas caen,
en el otoño.

Me enamoro
en primavera, cuando
la flor florece.

Me enamoro
en el verano, cuando
hace mucho sol.

Me enamoro
en el invierno, cuando
el frío se extiende.

Me enamoro
cualquier día del año,
siempre que puedo.



© 2009, el autor de esta biácora.

jueves, 12 de marzo de 2009

100. "Enta" años, en 400 palabras (sesenta y cinco).

Enta años

Mañana cumplo enta años. ¡Joder! No me lo creo, me parece imposible. Son muchos y no creo haber vivido tantos. Pero eso dice mi carné de identidad, así que será verdad.

¡…Enta años…! No me lo creo.

Hoy me voy a dedicar a mí estas cuatrocientas palabras. Voy a regodearme en mi vida, a modo de homenaje… ¡Enta años no se cumplen todos los días!

¿Qué resalto de mi vida?

Hermano mayor de doce hermanos… escuela de vida, con unos padres –que ya nos dejaron- cuya vida fue la entrega a sus hijos, no les cabía otra opción (y lo hicieron con gusto y generosidad, ya lo creo).

Estudios… intenté la Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos (vaya nombre más rimbombante) y no pude con ellos. Me atasqué en segundo curso, que era selectivo por aquellos tiempos. Hasta que mi novia, recién conocida, me convenció de que cambiara de carrera, y acertó. Estudié Matemáticas.

Resumo mi situación hoy: casado, felizmente y fielmente, con esa novia que me hizo cambiar de carrera, con dos hijos, ambos con pareja estable, simultaneando estudios y trabajo, comenzando a labrarse sus respectivos futuros.

Mi mujer, espléndida en todos los sentidos. La conocí hace inta y siete años largos, un diez de junio inolvidable… yo sólo quería ligar, tras un noviazgo roto, y pasarlo bien, “hoy con una, mañana con otra”, me decía. Pero ella me enganchó. Y sólo fue ella. Hasta hoy y para siempre, D.M.

Trabajo, mucho, durante muchos años. Años intensos profesionalmente, llenos de actividad y viajes, de problemas y de satisfacciones, de éxitos y fracasos, frenéticos. La Informática, a la que me dediqué, no tiene remedio ni tiene fin y las 24 horas del día me resultaban escasas los más de los días, cuando mi función era la de técnico, o la de director técnico. Ahora, menos mal, más tranquilo, aquel ritmo no había quien lo aguantara.

A los enta, otros enta hace ya tiempo, la depresión. Dura, insoportable, desesperanzada. Felizmente superada tras siete años agobiantes. Malas consecuencias: despido, desesperación, tambaleos en casa –sin graves consecuencias, si exceptúo el tremendo sufrimiento de mi mujer- y futuro incierto. Futuro profesional finalmente despejado gracias a una amiga.

Ahora debería definirme a mí mismo para completar el dibujo. Difícil tarea. Imposible, quizá. Además, si lo hiciera, no dejaría de parecer tonto o mentiroso, presuntuoso, humilde o vanidoso, iluminado o estúpido. Lo mejor es dejarlo así.