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Guarismo.

domingo, 3 de mayo de 2009

107. Tristeza, en 400 palabras (sesenta y nueve).

Estas cuatrocientas palabras las escribí hace ya tiempo. No vienen a cuento hoy, pero ahí las dejo porque, entonces, las escribí.

Tristeza

A veces (nos sucede a todos, supongo), uno está triste. ¿Por qué? Es difícil de explicar.

No hay razón aparente. Analizo el día, el fin de semana, y no hay razón alguna. Si acaso, un par de pequeñas discusiones. Y quizás objetivos no cumplidos, cierto que tampoco planteados. No para este fin de semana. Sé que debo concentrarme en escribir lo que ya inicié. Pero siempre encuentro una excusa para evitar concentrarme. ¿O es que no me concentro y por eso me excuso con fáciles excusas?

Todo va bien. No hay problemas. Todo más o menos controlado y ningún aspecto candente de mi vida. Ni familiar ni profesional. Quizás, algo de pereza en el trabajo, pero nada especial.

Me dicen que me he vuelto gruñón. Yo lo niego, pero es posible. Nunca fui persona amable, ni alegre, sino más bien brusca, taciturna, y ahora no cambiaré, supongo. Tuve un punto de inflexión cuando por fin superé aquella fase depresiva que tanto me marcó. Mi personalidad cambió, suavizándose un tanto. Quizás he vuelto a las andadas.

Me entristece algo que no controlo. Es algo en mi interior que no razono. Es una sinrazón que no sé explicarme. Se me encoje el alma y me quedo inactivo. Busco cobijo en la autocompasión, buscando cosas que creo me suceden pero que no me ocurren. Siento pena dentro y no sé por qué.

No, no es la depresión; la conozco bien y ahora no la identifico, no es la depresión que ya pasé. ¿Será sentido de culpa por no haber hecho mejor lo que debía? Es posible. Aunque tampoco lo reconozco, es posible que vayan por ahí los tiros.

Es tristeza, simplemente. Supongo que uno tiene derecho a estar triste, pero es un derecho absurdo, un absurdo en sí mismo. ¿Estoy triste para mí? ¿Acaso me regodeo en mi tristeza? Quizá.

Hay otro factor que me cuesta reconocer y que ignoro: los años. Con los años se pierden cosas que uno echa de menos y a mí me cuesta aceptarlo. Con los años se pierden cosas y hay personas de tu entorno que se van para siempre, es ley de vida. ¿Tendrá en ello su origen mi tristeza? No lo sé. Yo sigo presumiendo de joven —y lo soy—, pero los años pasan y pesan.

Sospecho que alguna de mis neuronas no entiende nada y amarga la existencia a sus neuronas colegas.

4 comentarios:

elshowdefusa dijo...

No sé si aquella tristeza tuya tenía que ver realmente con el tempus fugit, con el paso de los años irremediable. Lo que sí sé es que eso puede no estar y puede haber tristeza de todas formas. Yo soy joven, muy joven, y a veces estoy triste y no sé por qué. Al principio intentaba dejar de estarlo, ahora ya no. Dejo que la tristeza se vaya. No me molesta. Estoy triste, miro atrás, adelante, las cosas no están como quisiera, o sí, pero no importa, estoy triste y merezco estar triste por absurdo que sea.
Me alegro de que esas rachas formen parte del pasado. Si las puedes mirar sin tambalear, es que están lo suficientemente lejos y cerradas.

Un beso, Miguel.

Bicho dijo...

Creo que lo explicas muy bien Guarismo. Y tienes razón, tenemos derecho a estar tristes... pero que te sorprenda ese estado es una buena noticia; al fin y al cabo significa que habitualmente no sientes tristeza ;)

Yo también creo que es consecuencia de alguna neurona rebelde... pero qué le vamos a hacer, a las neuronas hay que quererlas como son!

Lo más importante es que la tristeza, sea sólo una estación de paso. Un ratito de pena, de reflexión y de autocompasión... y luego, a seguir viviendo!

Un besazo!


P.D.- Me he dado cuenta de que hacía mucho tiempo que no dejaba constancia de mi presencia por aquí... creo que voy a perder mi estatus de fan nº1 ^^

estrella de mar dijo...

Es que cuando estás triste quieres estarlo para siempre y haces todo lo posible para seguir triste. No te apetece salir de casa, ni hacer nada en especial para olvidarte de tu tristeza. Y para joderlo un poco más, te da por escuchar canciones tristes y depresivas.

A mí me da por Alejandro Sanz ¿Y a ti?


Ah, y gracias por los comentarios de las últimas semanas. El examen del 20 no va mal.

¡Un abrazo!

Guarismo dijo...

Fusa, Bicho, Estrella: siempre son certeros vuestros comentarios y os los agradezco.

Fusa: no sé con qué tenía que ver aquella tristeza en aquellos días, como explico. La edad, la pérdida de mis padres, el trabajo, la preocupación por los hijos... Sería de todo un poco, supongo, aunque, analizándola, algo de irracional tenía...

Bicho: estoy contigo, debe ser una neurona rebelde... y, afortunadamente, es una estación de paso.

Estrella de mar: uno es tan estúpido que se regodea en su propia tristeza, cierto. Pero hay que evitarlo, hay que luchar contra ello.

Un abrazo a las tres,

Miguel