Bienvenido a este mi cuaderno de bitácora

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Guarismo.

domingo, 13 de enero de 2008

23. En memoria de mi padre.

Dentro de poco hará dos años que mi padre murió. En su misa corpore in sepulto, pronuncié unas palabras como éstas, más o menos:

“Hablar de mi padre, de papá, de Ilo, del tío N., de N., es fácil. Tenía muchas virtudes: su entrega y profundo cariño a mamá y a sus 13 hijos y 29 nietos; su fortaleza, su gran profesionalidad en todos los destinos que tuvo durante su vida; su espíritu de sacrificio, su generosidad, su ánimo, su optimismo...

¿Quién no recuerda su ¡alegría, alegría! que anteponía a cualquier frase a propósito de la ocasión? O lo que decía estos días en su larga agonía, sin quejarse absolutamente nada: "¡Buenos días por la mañana! He dormido de un tirón y me encuentro estupendamente", cuando el hombre no había pegado ojo en toda la noche.


Mi padre, nuestro padre, fue un ejemplo del que todos hemos aprendido. Tendría defectos, claro, pero no más que cualquiera de nosotros. Su calor, su calidad humana... en fin, es lógico que sus hijos hablemos así de él, pero nos cabe la gran satisfacción de saber que muchos también así lo piensan.

Papá, siempre quise decirte algo que, quizá por respeto, quizá por timidez, quién sabe, nunca te dije y ahora debo hacerlo: ¡eres un tío grande!, ¡eres un gran hombre!”

Han pasado dos años. Todos lo echamos de menos. Mi madre, entristecida por las esquinas, sobrevive, porque es fuerte, y porque le quedan doce hijos y veintinueve nietos a los que querer... Mis hermanos lo recuerdan con un tremendo cariño como lo que era, un gran hombre –ya lo dije– y un gran padre. Les cuesta hacerse a la idea de que ya no está aquí.


Y yo... nunca pensé que su muerte me cambiaría. A fin de cuentas ya sabía que tenía que ser así, estaba previsto, no había solución. Yo pensé que, como ahora se dice, ya lo había descontado. Pero no. Fui fuerte los primeros días, cuando aún no te lo crees. Luego, no. Luego lo eché de menos como nunca imaginé. Y eso que, a diferencia de la mayoría de mis hermanos, lo veía pocas veces al año (de Madrid a La Isla) y hablábamos sólo de vez en cuando por teléfono. Pero estaba ahí. Yo sabía que estaba ahí, por si lo necesitaba, por si podía darle alguna alegría, por si podía devolverle su generosidad, su entrega, su cariño, cosa que probablemente nunca hice... o no hice como él se merecía.

Sé que soy distinto ahora. No sé explicarlo, pero he cambiado, su muerte me ha cambiado.

Vayan estas cuatrocientas cuarenta y cuatro palabras en su recuerdo.


5 comentarios:

Donce dijo...

Hay cosas que se dicen con tan sólo una mirada. Seguro que esas miradas se cruzaron muchas veces en vuestro camino.
Un precioso recuerdo el que has hecho. Sí señor!

berrendita dijo...

Hermosas palabras, Miguel. Yo siempre digo que cuando alguien se nos va, es nuestra memoria la que lo mantiene vivo a nuestro lado. Seguro que a veces notas la sonrisa de tu padre posada en tu nuca.

Un beso.

enero2008 dijo...

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo a nuestro parescer,
cualquiera tiempo pasado
fué mejor.

Y pues cemos lo presente
cómo en un punto es ido
y acabado
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
má que duró lo que vió,
porque todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos á se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Guarismo dijo...

Gracias, Donce; sí, tienes razón, nuestras miradas se cruzaron muchas veces... y se miraron.

Gracias, Berrendita. Sí, su sonrisa -carcajada muy sincera y feliz, muchas veces- está en mi recuerdo y parece viva.

Gracias, enero2008, muchas gracias por citar a Manrique. Al final, es así, iremos a parar a la mar...

JJ Deixy dijo...

Qué decirte Guarismo, cualquier palabra se queda corta para describir tus escritos. Eres extraordinario, fantástico, formidable. Cualquier persona diría que lo digo por peloteo, pero créeme, lo digo porque lo siento.

Me ha costado terminar de leer las palabras que escribiste en memoria de tu padre. Las lágrimas me nublaban la vista a la vez que una pequeña sonrisa se dibujaba en mi cara. Qué de sentimientos juntos, qué de emociones recorriendo mi cuerpo.

Sabes hacer que se nos pongan los pelos de punta, sabes despertar esos sentimientos que a veces tenemos demasiado escondidos por miedo a mostrarlos.

Se nota que admirabas y querías mucho a tu padre, tuviste mucha suerte, creo que fue un gran hombre y estoy segura de que todos aquellos que tuvieron el honor de conocerle le recuerdan cada día. Yo también tengo esa gran suerte, también puedo decir que mi padre es un gran hombre y mi madre una gran mujer. Les admiro por ser tan fuertes, tan pacientes, tan buenos y sobre todo por mostrar ese cariño que muestran cada día. Hoy en día es muy difícil ver a un matrimonio tan unido.

No dejes de escribir en tu pequeño blog, hay más gente de la que imaginas deseando leer nuevos pensamientos tuyos cada día.