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jueves, 18 de diciembre de 2008

88. Hoy me pica el gusanillo de escribir, en 400 palabras (cincuenta y ocho).

Hoy me pica el gusanillo de escribir

Aún no sé sobre qué, pero lo haré sobre algo. De hecho, venía a casa con la decidida intención de seguir con mi cuarta obra, un cuento, del que ya llevo escritas unas cincuenta páginas. Mal escritas todavía, porque aún sólo las releí una vez, pero que van tomando forma. Es un cuento fantástico (fantástico de fantasía, no magnífico ni excelente, como reza el DRAE en la cuarta acepción; ya quisiera). Venía, sí, con esa intención pero los dioses no estaban hoy conmigo; aunque sí las musas. Llegué tarde a casa por culpa del maldito atasco de casi todos los días, más en estas pre-fiestas; tuve que charlar con mi mujer, cambiando las impresiones del día (lo de tuve no va en tono de obligación, ni mucho menos); tuve que escuchar a mi hijo y hablar con él, que me estaba esperando de visita (lo de tuve, como antes); tuve que sacar a mi perro, Golfo, en el paseo diario de las ocho y media, que es cuando mi mujer y yo realmente podemos hablar sin interrupciones (hoy había temas de sobra) y nos encontramos con mi futura nuera; a la vuelta, la cena, cháchara con mi hija. Luego, más con mi hija, preparando su viaje a Londres de este fin de semana. Que si Hyde Park, que vas a estar muy cerca, que si Picadilly, que si Trafalgar Square, que si no te pierdas… bueno, lo típico.

Total, las diez y media (y no me quejo, que todo fue entrañable). Un paseo por las bitácoras amigas, algún que otro comentario por allí y respuesta a alguno por aquí. Y ya son las once y aún no he hecho lo que pretendía. Una pena, porque tenía ideas nuevas para el cuento. Las anotaré ahora, no sea que la mente me traicione y mañana me las olvide.

El fin de semana será distinto: tengo tres tardes enteras para escribir (que las mañanas sabatina y dominguera son para el squash) y esta vez sí le voy a dar un empujón al cuento. Me apetece y tengo ideas, cosa rara y difícil. Pero ya sé lo que va a hacer Berto, lo que dirá Sandra y la que montará Carlitos… No puedo perder la oportunidad.

Luego llegarán esas tardes y me liaré con algo inesperado, como casi siempre. O me entrará la horrible pereza.

Esto escribí.

2 comentarios:

Minisuina dijo...

Ummmm, que cotidianidad más envidiable. Yo lo mismo, pero sin hijos (aún).

Guarismo dijo...

No sé si envidiable, pero tranquila, pacífica y, en cierto modo, llena.

Gracias, Minisuina