Bienvenido a este mi cuaderno de bitácora

Querido visitante: gracias por pasar por aquí y leerme.
Aquí encontrarás ligeros divertimentos y algunas confidencias personales, pocas.
A mí me sirve de entretenimiento y si a ti también te distrae, ¡estupendo!.
Si, además, dejas un comentario... ¡miel sobre hojuelas! Un abrazo,
Guarismo.

viernes, 15 de agosto de 2008

63. Vecino, en 400 palabras (cuarenta).

(A mi amiga Bicho, que no Carolina...)

Vecino

Nos encontramos por primera vez en la escalera. Él subía sudoroso, con el chándal pegado al pecho y húmedo por su zona central, y la respiración agitada; yo bajaba hecha un pincel, aunque con cara de sueño. Izquierda, centro, derecha, izquierda otra vez… no había manera de pasar. Nos miramos a los ojos y sonreímos sin cruzar palabra, no eran horas de entablar conversación. Me cogió suavemente por el brazo y me hizo pasar por su derecha al tiempo que me miraba de arriba abajo; luego, nuestros ojos se encontraron de nuevo, fugazmente. Mi corazón latió algo más de lo normal y seguí bajando la escalera. No volví la vista atrás, pero tuve la sensación de que él me observaba y se fijaba sobre todo en mis piernas… la verdad es que llevaba una minifalda más que corta y estoy segura de que, con los tacones, mis piernas eran atractivas aquella mañana (siempre he creído tener unas bonitas piernas). No se me quitó su imagen de la cabeza durante todo el día. Veía su frente perlada con el sudor y sus ojos negros mirándome intensamente. Mi cuerpo se agitaba cada vez que pensaba en la posibilidad de encontrarlo de nuevo. Fue por la noche. Yo subía por la escalera, la respiración agitada por el esfuerzo, y él bajaba hecho un pincel con un traje gris marengo, camisa azul cielo y corbata roja. Sus ojos negros me examinaron de arriba abajo con rapidez y luego se fijaron en los míos con esa mirada intensa que me había cautivado por la mañana. Izquierda, centro, derecha, izquierda otra vez… no había manera de pasar, aunque yo creo que esta vez forzamos la situación. Sonreímos sin dejar de mirarnos. Me cogió suavemente por el brazo y me hizo pasar por su derecha. Me volví de espaldas y confirmé que tiene un tipazo. Él continuó escaleras abajo hasta que en el descansillo volvió su cabeza hacia mí y me miró de nuevo. Mi corazón se agitó otra vez. Se me hicieron largas las horas hasta el encuentro del día siguiente. Jugamos al juego de coincidir en la escalera, izquierda, centro, derecha al unísono. La tímida sonrisa se convirtió en carcajada en unos segundos y segundos más tarde nos mirábamos con intensidad, sin cruzar palabra. Luego él me cogió suavemente por el brazo y me hizo pasar por su derecha. Nos volvimos y nos miramos…

4 comentarios:

berrendita dijo...

Dentro de cuatrocientas palabras más los tenemos encima de la sábana. :)

Un beso.

nano CANALLA dijo...

y otra vez izquierda, centro, derecha, hasta que pase lo que tenga que pasar

Bicho dijo...

!Ay, qué momentazo cuando los dos coincidan en la misma dirección, escalera arriba¡

Mil gracias por la dedicatoria, soy una privilegiada!!!

Un besote!

Guarismo dijo...

Gracias, Berrendita, Bicho. Me alegra comprobar que sois fieles...

Gracias, Nano Canalla, por acercarte por aquí. Me daré una vuelta por tu bitácora.