Bienvenido a este mi cuaderno de bitácora

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Guarismo.

domingo, 13 de diciembre de 2009

141. Pesadilla, en 400 palabras (ochenta y nueve).

Pesadilla

Estaba solo en casa el fin de semana.

Mi casa es una casa rústica situada en el medio de la nada, en una enorme finca que no es de nadie, llena de rastrojos y matorrales, con algunos árboles desperdigados por entre la maleza. Es una casa vieja que reformé hace ya tantos años que necesita, de nuevo, una reforma. La heredé y le tengo un cariño especial porque forma parte de mi vida. He pasado allí mis mejores momentos y, quizás, los peores también. Ha sido mi refugio cuando la tristeza me invadía y la soledad me llamaba. Ha sido mi lugar de trabajo cuando las musas me inspiraban y necesitaba tranquilidad y aislamiento. Ha sido mi nido de amor cuando me enamoraba y quería impresionar a mi pareja con un lugar aislado y excitante.

Bajé al trastero del sótano a buscar leña para mantener la chimenea encendida. Hacía un tiempo endiablado afuera y no quería salir hasta la leñera. Afortunadamente, siempre guardo unos cuantos troncos de pino y acebuche allí para emergencias como ésta. Con la luz que entraba por la puerta abierta veía lo suficiente para coger la leña, por lo que no accioné el interruptor. Al ir a salir, el extremo de un tronco empujó la puerta y la cerró delante de mis narices. No reaccioné a tiempo. Oscuridad absoluta. Era de noche y por el ventanuco no entraba la más mínima luz. Solté la leña en el suelo y, a tientas, localicé el interruptor. Encendí la desnuda bombilla que colgaba del techo y se produjo un chispazo, dejándome de nuevo a oscuras. Me acerqué a la puerta, tropezando con los troncos esparcidos por el suelo, e intenté abrirla, pero el picaporte no cedía, no se movía un milímetro. Eché mano al bolsillo en busca del encendedor que llevo con el tabaco y... me lo había dejado en el salón.

Oscuridad, frío. La temperatura exterior no superara los -10ºC. Dentro, rondaba los cero grados, calculé, con el viento helado entrando por el pequeño ventanuco sin cristales ni postigos. Y yo, en mangas de camisa, porque en el salón, con la chimenea, se estaba bien. Me disponía a cenar, o sea, que también tenía hambre.

Busqué a tientas un destornillador, una barra de hierro, un martillo, un hacha, un algo que me sirviera para abrir o destrozar la puerta. Nada.

Gritar no serviría de nada. Estaba solo.

4 comentarios:

Sara dijo...

Ostras, es angustioso.

Guarismo dijo...

Gracias, Sara, por leer mi bitácora. Leeré la tuya.

Un abrazo,

Miguel

Anónimo dijo...

PARA PESADILLA LA QUE LLEVO YO TENIENDO 35 AÑOS. RECURRENTE, REPETITIVA, SIEMPRE LA MISMA.

Guarismo dijo...

¡Joder! ¡Qué dura eres, anónima!