Bienvenido a este mi cuaderno de bitácora

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miércoles, 21 de noviembre de 2007

9. Pareja, en 400 palabras (uno).

Hace tiempo concurrí a un concurso de relatos cortos en un periódico nacional. El límite, en palabras, era de cuatrocientas. Presenté un par de relatos, sin éxito, claro, aunque llegué a escribir unos cuantos más. Y, como este blog hay que llenarlo, voy a publicar, mientras no se me ocurran nuevas ideas, algunos de esos relatos cortos. Todos, incluyendo el título, tienen exactamente 400 palabras. Aquí está el primero:


Pareja

G. y R. decidieron dar un paseo aquella tarde. Hacía tiempo que las cosas no les iban bien y acababan de discutir de nuevo, cierto que levemente, pero habían discutido otra vez. Tristes y sin ganas de hablar, consiguieron ponerse de acuerdo en que necesitaban aire. No era el mejor momento para salir, el viento de Poniente de aquel final de otoño era fuerte y fresco, había traído nubes del Atlántico y amenazaba lluvia. La tarde, acababan de sonar las cinco campanadas de ese reloj antiguo de pared que tanto le gustaba a G., no invitaba precisamente a pasear, sino más bien a quedarse en casa al calor de la chimenea. Lo sabían, pero decidieron salir; R. con la ira a flor de piel, G. con su rabia contenida.

“Se te ocurrió salir a ti, ¿no? Siempre me haces lo mismo, sabiendo lo poco que me gusta el viento frío” pensaba G. que iba a decir de un momento a otro.

“Tenías que ser tú quien tuviera esta brillante idea, con lo que va a caer –se mordía la lengua R. para no soltarlo–. ¡Sabes de sobra lo que odio la lluvia!”

Salieron de la casa con la esperanza de volver pasado un rato, pero ni G. ni R. daban su brazo a torcer. Comenzó a llover y el viento arreció. Con las ropas empapadas llegaron hasta el acantilado desde donde se podía contemplar, con buen tiempo, la gran playa de Nadir y abajo, al pie, las calitas de aquella zona.

“Aquí intimamos la primera vez –pensaba G.–. Fue hace... ¿cuántos años? Eran calitas salvajes y había que bajar jugándose el tipo por el acantilado. Nos desnudamos... fue maravilloso.”

“Fue en esta cala –recordaba al mismo tiempo R.–. Su cuerpo desnudo… fue delicioso…”.


Se miraron sin cruzar palabra, pero se dijeron muchas cosas con esa mirada intensa que mantuvieron a duras penas, con los ojos entrecerrados por efecto de la lluvia y el viento. Se apagó la ira de R. y se desvaneció la rabia de G. Se cogieron de la mano y bajaron a la playita por las escaleras recién esculpidas en el acantilado. Se despojaron de la ropa, a pesar del frío y la lluvia, y rodaron en un abrazo por la pendiente de arena húmeda hasta la orilla. Entonces, una ola gigante revolcó sus cuerpos que, enlazados, fueron arrastrados hacia la mar profunda.

© 2005, el autor de este blog.

5 comentarios:

berrendita dijo...

Seamos trágicos. Y la mar se los comió o los devolvió ateridos de frío pero llenos de amor a su casa??.
Ahí lo dejo.
Un abrazo.

Guarismo dijo...

Berrendita: el final lo dejo a la imaginación del lector. Por cierto, ¿sabes si la pareja es hombre-mujer, hombre-hombre o mujer-mujer?

Espero tu correo y el de Donce para borrar mi identificación, de momento.

Un abrazo.

Guarismo dijo...

Berrendita: lee mi comentario en la entrada 8 para que entiendas mi comentario anterior. Gracias

Eva Lara dijo...

No sé si la mar se los tragó para siempre, pero a mí me parece un final abierto muy atractivo... puede ser muy simbólico. Enhorabuena por la ambientación, está muy lograda.
Un saludo.

Guarismo dijo...

Gracias, Eva.

Ya enganché laventanadelforo y elpapelenelespejo.

Un abrazo.