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domingo, 4 de septiembre de 2011

232. Tengo un problema, en 400 palabras (ciento cincuenta y ocho).

Tengo un problema

Sí, tengo un problema: me he vuelto vago. La verdad es que siempre lo he sido, siempre he sido perezoso; lo que ocurría es que nunca dejé que la pereza o la vagancia me ganaran. Era un pulso que siempre ganaban la diligencia y el deber. Así ha sido durante muchos, muchos años de mi vida. No recuerdo hacer el vago durante mucho tiempo seguido.

Lo que me ocurre ahora es que tengo mucho tiempo libre y la tentación de no hacer nada me acosa. Yo he sido siempre una persona activa, con ganas de trabajar, con ganas de hacer cosas. Y siempre me ha horrorizado la pereza, aunque la he sentido siempre a flor de piel. Y ahora siento que la pereza se va apoderando de mí poco a poco. No paro de hacer cosas, no, ni me aburro, ni me siento en un sillón a no hacer nada; no es eso. Pero siento que la pereza se apodera de mi mente y sólo hago cosas, no pienso, no me esfuerzo. Y por la buena salud de mi mente necesito activarme y esforzarme. Es peligroso aceptar que puedo vivir “haciendo cosas” pero sin esforzarme intelectualmente. Y una de las formas de evitarlo es crear, escribir en mi caso. Tengo un compromiso conmigo mismo y dos novelas abiertas, y una idea, a las que no hago ni caso desde hace meses. Y lo gracioso es que me gusta escribir, me apetece, y lo necesito para evitar que la pereza intelectual se adueñe de mí. Es un reto y no voy a ceder, aunque aún no sé cuándo retomaré las novelas abiertas ni empezaré a materializar la idea. He de ponerme serio. He de marcarme un horario inflexible y una fecha para comenzar. Me voy a dar una semana. El lunes 12 de septiembre puede ser un buen día para comenzar, para espabilar mi mente, para esforzarme, para dedicar unas horas a la creatividad; sufriendo, porque escribir es sufrir por el esfuerzo mental que requiere, aunque luego viene la parte positiva: la satisfacción. Pero la satisfacción no llega hasta que no me esfuerzo. Así es en casi todo, gratis no hay nada.

Bien, el lunes empiezo. Dejaré libre el fin de semana. Pero de lunes a viernes, jornada laboral. Así acabaré con mi problema, venceré mi pereza y seré más feliz, con la satisfacción de mi deber cumplido.

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