Bienvenido a este mi cuaderno de bitácora

Querido visitante: gracias por pasar por aquí y leerme.
Aquí encontrarás ligeros divertimentos y algunas confidencias personales, pocas.
A mí me sirve de entretenimiento y si a ti también te distrae, ¡estupendo!.
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Guarismo.

viernes, 27 de agosto de 2010

179. Nuestra hora mágica, en 400 palabras (ciento catorce).

Nuestra hora mágica


Lo de nuestra va porque es la hora mágica de mi mujer y la mía. Bueno, y de mi perro Golfo también, que también la disfruta.

Es la hora de nueve a diez de la mañana. En mis playas de Cái. Mis playas de Cái tienen rincones, antaño ignotos, en los que se puede estar solo durante un rato en pleno mes de agosto. Hace unos años, estábamos solos toda la mañana; hace cinco, hasta las doce; hace dos, hasta las once. Este año sólo hasta las diez, de ahí nuestra hora mágica.

Imaginaos, queridos lectores (si es que pasáis por aquí a leer esto), una playita solitaria, aún en sombra a esa temprana hora de las nueve: el acantilado impide al sol iluminar la arena con sus rayos que, poco a poco, paciente pero inexorablemente, van cubriéndola con su luz. A la playita, cien metros de larga, le suelen quedar zonas de arena seca aun con la marea alta. Arena rubia, fina, limpia (no siempre, lamentablemente, que hay desaprensivos que la ensucian con basura de todo tipo y no es raro el día en que no ejercemos de barrenderos, muy gustosamente, por cierto, aunque contra el mundo), agua salvaje del Atlántico abierto, tranquila y transparente si sopla Levante; turbia, por la arena que levantan las grandes olas, si sopla Poniente. Pero siempre limpia. La mar, a su antojo, rompiendo en olas pequeñas o grandes y lamiendo la arena dorada. Y, nosotros, solos en la playa. Mirar desde allí el ancho mar, contemplar el horizonte que se curva en la lejanía, ver las gaviotas volar con su majestuoso vuelo sobre tu cabeza, oír muy cercano el rumor de las olas, mientras observas con atención cómo rompen en sus formas caprichosas, una tras otra, una tras otra, es algo que no basta con describir. Hay que vivirlo. Y, nosotros, solos en la playita. Un placer. Un descanso para el cuerpo y el alma. Una satisfacción incomparable. Una sensación única y distinta.

Llegamos; nos desnudamos; ella, anda, a buen ritmo; yo, fumo un pitillo y paseo contemplando la mar; luego, corro media hora, seguido por mi perro Golfo, y me baño, nos bañamos, en las aguas salvajes de mis playas de Cái. Imaginaos, queridos lectores, una playa únicamente para nosotros. Aunque sólo por una hora, que cada año la gente baja antes. Pero esa hora es nuestra hora mágica.

domingo, 22 de agosto de 2010

sábado, 14 de agosto de 2010

177. Escritura loca, en 400 palabras (ciento trece).

Escritura loca

Pienso que voy a perder el resuello después de leer lo que tengo pensado escribir porque es mi intención emular a algún ilustre y a alguna escritora amiga de este mundo incierto y extraño de cuadernos de bitácoras o blogs como le llaman aunque a mí me gusta más bitácora que es más español que esa palabreja de blog que no suena a nada o suena como cloc o parecido y no refleja la realidad por sí misma como lo hace bitácora que es palabra llena de significado aunque de etimología francesa con sonido pleno quizás por ser esdrújula y contener las consonantes más sonoras como la be y la te y la ce que llenan su pronunciación además de recordar esos “cuadernos de bitácora” con tanto sabor marinero que tienen y que explican por similitud su aplicación a lo de los blogs que llenan el interespacio o cyberespacio como quiera que le llamemos pues ya sabemos que el lenguaje evoluciona y se adapta a los nuevos tiempos aunque creo que el castellano o español se adapta tarde y mal siendo como es un lenguaje tan rico en hermosos términos y bellas acepciones que se van perdiendo con el tiempo por la maldita manía que tenemos los hispanohablantes de contagiarnos de otras lenguas e ir dejando caer en el ostracismo muchos de los vocablos sublimes que nuestra lengua nos ha dado a lo largo de los siglos y que han evolucionado con los años hasta regalarnos una lengua perfecta llena de matices y colores que suenan generalmente de manera extraordinaria si son pronunciadas con el rigor debido y el estilo que merecen y por los hablantes que saben usarla aun con ambages y circunloquios como ocurría en décadas y siglos pasados donde los discursos de algunos eran dignos de ser grabados en letras de oro por su belleza y riqueza lingüística que se está perdiendo en los días que vivimos por culpa de la dejadez e incompetencia de políticos y periodistas que son a los que más se les escucha mal hablar y cometer auténticas atrocidades con nuestra magnífica lengua materna que algunos quieren hacer desaparecer de una forma absolutamente mentecata sin querer entender que son varios cientos de millones de parlantes los que la usan con orgullo y en toda la extensión que nuestra bella lengua tiene y de la que no es ejemplo precisamente este escrito

sábado, 7 de agosto de 2010

176. Olas, atardecer y una gaviota en mis playas de Cái.

...Y una gaviota volando sobre la mar en mis playas de Cái...

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