Imaginación
Sábado noche, la hora mágica. Solo, delante de mi ordenador, silencio. Ya cené, intenté ver algo en la TV –maldita caja tonta: nada de nada— y di las buenas noches a mi mujer que ya se ha ido a la cama. Yo no me acuesto aún que, si lo hago, me despierto demasiado temprano y no juego al squash hasta las once. Me sobra tiempo.
Me sirvo un Lepanto y enciendo un pitillo. Silencio. El teclado apenas si se oye. De vez en cuando, el ruido de unos coches que pasan bajo mi ventana abierta, pero, ya acostumbrado, ni los oigo. Esta noche entra un fresquito agradable, tras un día caluroso, de calor a destiempo. Será el veranillo de mi santo.
Se me acaba el pitillo. Me he comprado un cigarro electrónico para fumar menos. No está mal. En toda la tarde, cinco horas, dos pitillos y tres electrónicos. Me he propuesto que, en el coche, no fumaré tabaco. Hoy lo he cumplido y no lo eché de menos. Y, en casa, fumaré menos. Me conformo con conformarme con la mitad. Ya sería un éxito. El alcohol me pide otro cigarro, pero intentaré el simulador. He de acostumbrarme.
Bostezo. La cerveza de la cena y la copa me dan sueño. Al bostezar se me saltan las lágrimas, soy de lágrima fácil, se me nubla la vista y no veo el teclado —yo escribo mirando al teclado—, por lo que me paso el rato leyendo hacia atrás y corrigiendo.
Me senté con intención de escribir sobre algo, pero ahora lo he olvidado. Ayer escribí en mi agenda: “cb”. Creo que era el título de un tema sobre el que escribir, pero no consigo descifrarlo. Mi memoria va a peor. No lo borraré por si algún día consigo recordarlo.
El hecho es que escribo, pero escribo sobre nada. No hay tema. Quizás debiera inventar uno, esforzándome un poco, y desarrollarlo. No es tan difícil, lo hice otras veces; cierto que no sé con qué éxito. Pero me entretuve y la obra hecha siempre satisface. Debería hacer como mi colega Fusa, colega de bitácora, que inventó los tuencos y los escribe con una imaginación desbordante. Yo debería inventar las 400torias, o historias en 400 palabras, y escribir dando rienda suelta a mi imaginación. Lo que pasa es que para eso hay que valer. Y yo, esta noche, no valgo. O nunca.
sábado, 26 de septiembre de 2009
128. Imaginación, en 400 palabras (ochenta y tres).
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Etiquetas: 400
sábado, 12 de septiembre de 2009
127. Cái, en 400 palabras (ochenta y dos).
Cái
Tras las fotos del espléndido mes de agosto en mis playas de Cái (lo siento; sé que lo prometí y hasta escribí 400 palabras tratando de hablar mal de Cái… pero ¡qué le vamos a hacer! no soy capaz… y Cái ya está lleno hasta la bandera; no creo que yo lo solucione), espléndido mes, decía —tres semanas para ser preciso— he de confesar que echo de menos aquello. Ahora toca trabajar, sí, no hay más remedio, y no puedo volver allí hasta… ¿el puente de diciembre, quizá? ¡Qué pena! Envidio a muchos de mis hermanos, que son muchos, porque viven allí. Cái es otra cosa. Allí existe eso a lo que ahora llamamos calidad de vida. Aquello es pa viví tolaño. Cierto es que el paro es el más alto de España y que poca industria y trabajo quedan. Pero esto no es culpa de Cái. Es culpa de los políticos de turno —largo turno— a los que parece importar un higo que el paro, allí, bata el record cada mes.
Yo echo de menos mis playas, y la gente, y la temperatura, y los vientos.
Los vientos… hasta echo de menos el Levante, con la mala fama que tiene. Pero cuando sopla Poniente, húmedo, fresco, que has de ponerte un jersey por las noches de agosto, y sopla una semana seguida, echas de menos la caló que trae el Levante. Luego llega este viento y maldices sus rachas y la caló que hace, pero te acuerdas del Poniente y por la noche lo agradeces. Lo agradeces y te vas a la playa a bañarte cuando se pone el sol por la mar, allá en el horizonte. Y disfrutas del agua fresca, límpida, de sus olas, que frena el viento y las hace pequeñas, de la arena húmeda, del cielo azul anaranjado, de la vista… disfrutas de tantas cosas. Te llenas de vida.
Y si sopla Poniente, disfrutas del sol en las playas sin pasar calor, disfrutas de las olas grandes, disfrutas de la brisa que viene de la mar, fresca, que te envuelve con su humedad. Y, por la noche, te abrigas un poco.
Si el viento es Sur, tienes nubes por la mañana, normalmente.
Pero ahora toca Madrid y trabajar, que no está mal, no me quejo. Sólo que echo de menos mi tierra, mi gente, mis playas, mi mar, mi arena, mis gaviotas, mis vientos...
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miércoles, 9 de septiembre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
(Mis novelas)
Hoy voy a hacer publicidad de mis novelas en esta mi bitácora, con vuestro permiso.
Por fin este verano terminé la que cierra la trilogía, Viento Norte, tras reescribir una parte. La preceden Viento de Levante y Viento de Poniente, en este orden.
Si os interesa, podéis verlas en http://mpardo.bubok.com, con vídeo de presentación y todo.
Y si decidís leerlas, que las disfrutéis tanto, o casi, como yo disfruté cuando las escribí.
Gracias.
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Etiquetas: Viento de Levante
sábado, 5 de septiembre de 2009
miércoles, 2 de septiembre de 2009
124. Más detalles en mis playas de Cái.
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Guarismo
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